Archivos de la categoría ‘textos para debate “Com trencar el tabu”’


Lo sentimos por haber confusiones en el blog sobre el debate de este domingo, en continuación ponemos una aclaraciones:

Serà a les escales de la plaça de davant portal de l’àngel. És una activitat que assumim unes quantes persones a nivell individual. O sigui, que no és unas activitat d’autoorganització.

Això no treu que, en un futur esperem que proper, la subcomi d’autoorganització s’animi a autoorganitzar amb més marge de temps i amb un debat col.lectiu previ, més debats i reflexions sobre el tema, a partir dels textos que anem penjant entre totes al blog d’autoorganització en aquests dies (de moment només n’hi ha 2). Animeu-vos a enviar textos! I animeu-vos a venir demà, que pot ser un començament per trobar-nos i reflexionar juntes…


…] Si las mujeres se organizan colectivamente para atacar enérgicamente y oponerse a los violadores, violaciones concretas serán impedidas. El trauma de violaciones pasadas será exorcitado de una forma constructiva y empode- radora, los hombres descartaran la opción de violar con impunidad y futuras violaciones serán desmotivadas. Negros y latinos de las ciudades que llevan a cabo ataques de guerrilla contra la policía no motivan un ciclo de vio- lencia. La policía no mata gente de color porque estén traumatizados por pasadas situaciones de violencia; lo hacen porque el sistema de supremacía blanco lo requiere y porque les pagan por ello. La actividad revolucionaria por supuesto, tendrá como resultado un incremento del estado de represión, pero éste es un obstáculo para la destrucción del Estado, que es el mayor agente proveedor de violencia. Después de la destrucción del Estado, del capitalismo y de las estructuras la gente aún estará traumatizada,

aún tendrá puntos de vista autorita- rios y patriarcales, pero los proble- mas individuales que no son

reforzados estructuralmente podrán ser abordados de formas cooperativas no violentas”.

Peter Gelderloos

Extraido/traducido de: “

”How nonviolence protects the state” Escrito por Peter Gelderloos.

“La No Violencia es Patriarcal” es un capítulo que pertenece al libro How Nonviolence Protects The State (Cambridge, Massachusetts; South End Press, 2007) de Peter Gelderloos, un anarquista estadou- nidense que en este momento está en Barcelona bajo “libertad provisional” esperando un juicio a raíz de una manifestación de okupas. Escribió este libro tras su implicación en una campaña pacifista contra el imperialismo de EEUU, con el fin de rechazar la no violencia, que constituye un fuerte obstáculo para el movimiento anarquista. También está involucrado en el movimiento en apoyo a presxs y ha escrito otro libro, Consensus, además de varios panfletos.

En How Nonviolence Protects The State se encuentran también otros capítulos que hablan de la rela-

ción entre la no violencia y el colonialismo, la no violencia y la represión del estado, la historia falsificada de dicha filosofía, y otros muchos temas. En el presente capítulo aparecen referencias a argumentos pacifistas que se explican en otras partes del libro; aún así el capítulo puede leerse de manera independiente.

Decidimos traducir y editar este texto porque vemos en él una herramienta teórica indispensable para los grupos de

autodefensa feminista. A menudo, en el estudio y práctica cotidianas

de la autodefensa nos encontramos con una ausencia de material escrito que dificulta el abordaje directo de multitud de cuestiones que suscita el tema de la violencia. Otras veces nos encontramos con textos muy interesantes que otros grupos de autodefensa de todo el mundo han elaborado, pero faltan traducciones a nuestro idioma.

El activismo feminista radical se enfrenta constantemente con “el enemigo en casa”, esto es: con una serie de prejuicios, cuestionamien- tos, discursos y actitudes patriarcales que emergen dentro de los espacios y ambientes politizados, entre gente que supuestamente

32-Ibid., 105. 33-Para el sexismo del Weather Underground, ver Tani y Sera, False Nationalism; y Dan Berger, Outlaws Of America: The Weather Underground and the Politics of Soli- darity (Oakland, CA: AK Press, 2005). Para la oposición al feminismo de las Brigatte Rosse, al que denunciaron indiscriminadamente por ser burgués en vez de abrazar su radicalidad, ver Chris Aronson Beck et. al., “Strike One To Educate One Hundred”: The Raise Of The Red Brigades In Italy In The 1960’s-1970’s (Chicago: Seeds Beneath The Snow, 1986).

34-Carol Flinders, “Nonviolence: Does Gender Matter?” Peace Power: Journal Of Nonviolence and Conflict Transformation, vol. 2, no 2 (Verano 2006); http:// http://www.calpeacepower.org/0202/gender.htm. Flinders utiliza este mismo ejemplo de Gandhi, incluso alabando el innato pacifismo de “la devota esposa hindú”.

35-Ibid. 36-Para aquellas no familiarizads con el término, algo que sea “esencializador del género” implica la idea de que el género no es una construcción social -aunque sirva como una división imperfecta- sino que es una serie de categorías inherentes formadas por esencias inalterables e incluso determinantes. 37-Flinders, “Nonviolence: Does Gender Matter?”

38-Patrizia Longo, “Feminism and Nonviolence: A Relational Model”, The Gandhi Institu- te, http://www.gandhiinstitute.org/NewsAndEvents/upload/nonviolence%20and%20relational% 20feminism%20Memphis%202004.pdf#search=%22feminist%20nonviolence%22.

39-“Feminism and Nonviolence Discussion”, Febrero y Marzo de 1998, http:// http://www.h-net.org/ ̃women/threads/disc-nonviolence.html (Consultado el 18 de Octubre de 2006).

presume de un compromiso antisexista.

16-Robnett, How Long? 87,166,95. 17-La historia de Bayard Rustin teniendo que dejar la SCLC porque Rustin era gay se puede encontrar en Jervis Andersen, Bayard Rustin: The Travells I’ve Seen (New York: HarperCollins Publishers, 1997) y en David Dellinger, From Yale to Jail: The Life Story of a Moral Dissenter (New York: Pantheon Books, 1993). 18-Sin embargo, la gente cuyas estrategias cuentan con la formación de partidos u or- ganizaciones centralizadas similares, tanto revolucionarias como pacifistas, también tienen un interés no expresado en la autocrítica. Pero las activistas revolucionarias de hoy demuestran una marcada tendencia alejada de la política de partidos, sindicatos y otras organizaciones que desarrollan el ego, la ortodoxia y el interés en una misma. 19-Robnett, How Long? 93-96. 20-Abu-Jamal, We Want Freedom, 161 21-Ibid. , 159 22-Ibid. 23-Julieta Paredes, “An Interview With Mujeres Creando”, en Quiet Rumours: An Anarcha-Feminist Reader, ed. Dark Star Collective (Edimburgh: AK Press, 2002), 111-112. 24-Leslie Feinberg, “Leslie Feinberg Interviews Sylvia Rivera”, Workers World, 2 de Julio, 1998, http://www.workers.org/ww/1998/sylvia0702.php. 25-Ann Hansen, Direct Action: Memoirs of an Urban Guerrilla, (Toronto: Between The Lines, 2002), 471. 26-Emma Goldmann, “The Tragedy Of Woman’s Emancipation”, en Quiet Rumours, ed. Dark Star Collective, 89. 27-Paul Avrich, Anarchist Portraits (Princeton: Princeton University Press, 1998), 218. 28-Yale, “Anna Mae Haunts the FBI”, Earth First! Journal, Julio-Agosto 2003: 51. 29-Ibid. 30-“Interview With Rote Zora”, en Quiet Rumours, ed. Dark Star Collective, 102. 31-[N.T.] Entendiendo “de manera autónoma” como un activismo que no trata con las instituciones. Ejemplo: los opuestos “feminismo autónomo/feminismo institucional reformista”.

Vemos la necesidad de combatir esta no declarada “resistencia” al compromiso antipatriarcal dotándonos, produciendo y haciendo uso de herramientas teóricas y analíticas contundentes. Partimos de la consciencia de que este conjunto de “resistencias” cumplen la función de proteger el privilegio perpetuando la violencia sexista en todas (y, reiteramos, “todas”, incluidas las más extremas, como es el caso de la violación) sus manifestaciones dentro de los movimientos Sociales.

Peter Gelderloos retrata en su análisis muchas de estas actitudes, y lo que es más importante, identifica uno de los discursos más potentes que operan en este sentido dentro del activismo revolucionario: el paradigma de la no violencia.

“En el género, como en la raza, la no violencia es una posición inherentemente privilegiada” P. Gelderloos

Por último querríamos señalar que esta traducción no hubiera sido posible sin el generoso apoyo de Peter y su empeño por destruir el patriarcado, así como a ernesto y su “distri”, y a la madre de una colega por dejarnos el coche y la casa como retiro espiritual para traducir, también agradecemos los lúcidos consejos filológicos de Misty y de Kymin y muy especialmente al entusiasmo de las mujeres y lesbianas de nuestro grupo de autodefensa.

Barcelona, Septiembre 2007

Peter Gelderloos

El patriarcado es una forma de organización social que produce lo que reconocemos comúnmente como sexismo. Pero va más allá del prejuicio individual o sistémico contra las mujeres. Consiste, en primer lugar, en la falsa división de las per- sonas en dos categorías rígidas (hombre y mujer) que se afirman como naturales y morales. (Mucha gente perfectamente sana no encaja en ninguna de estas categorías fisiológicas, y muchas culturas no occidentales reconocen -y todavía lo hacen, si no han sido ya destruidas- más de dos sexos y géneros.) El patriarcado intenta destruir, social e incluso físicamente, a cualquiera que no encaje en una de estas dos categorías o que rechace este “binarismo de género”. El patriarcado continúa definiendo roles claros (económicos, sociales, emocionales, políticos) para los hombres y las mujeres y afirma (falsamente), que estos roles son naturales y morales. Bajo el patriarcado, la gente que no encaja o que rechaza estos roles de género es neutralizada mediante la violencia y el ostracismo. Se les hace parecer y sentir fexs, sucixs, temibles, despre- ciables, inútiles. El patriarcado es dañino para todxs, y es reproducido por cualquiera que viva en él. Haciendo honor a su nombre, pone a los hombres en una posición do- minante y a las mujeres en una posición sumisa. Las actividades y características que están tradicionalmente asociadas al “poder”, o al menos al privilegio, pertenecen ma- yoritariamente a los hombres(1). El patriarcado otorga casi exclusivamente a los hom- bres la habilidad y el derecho al uso de la violencia.

Con el género, como con la raza, la no violencia es una posición inherentemen- te privilegiada. La no violencia asume que en lugar de defendernos a nosotrxs mismxs de la violencia, podemos sufrir la violencia pacientemente hasta que una parte sufi- ciente de la sociedad pueda ser movilizada a oponerse a ello pacíficamente (o que podamos esperar a “transformar” cualquier agresión que nos amenace individualmen- te.) Muchas de lxs que proponen la no violencia no la presentarán meramente como una práctica política acotada, sino como una filosofía que merece penetrar en el

8-Ibid. 9-Sue Daniels, e-mail, septiembre 2004. Para más información sobre autodefensa

para mujeres, Daniels recomienda Martha McCaughei, Real knockouts: The Phisical Feminism of Women Self-Defense (New York: New York University Press 1998).

10-The Will To Win! Women and Self-Defense es un panfleto anónimo distribuido por Jacksonville Anarchist Black Cross (4204 Herschel Street, #20, Jacksonville, FL 32210).

11-[Nota de las traductoras] El autor en el texto original utiliza el término anglo- sajón “whitewashing”, que se traduce literalmente por “blanqueamiento”; con él se refiere al acto de borrar interesadamente de la historia y de la memoria toda huella que sea “incómoda” para el estado, el patriarcado, el capitalismo o la supremacía blanca.

12-El conservador aforismo pacifista de que “el cambio tiene que venir de dentro” no debe confundirse con la autocrítica. Funcionalmente, tal filosofía solo incapacita a la gente para desafiar al sistema y combatir opresiones estructurales; es análogo a la noción cristiana de pecado, como una barrera para la rebelión y otras acciones colec- tivas para la opresión. En los pocos casos en los que el “cambio des de dentro” princi- pal significa más que un simple mandamiento hacia la no violencia, es una forma im- potente de auto-mejora que pretende que las opresiones sociales son el resultado de extendidos fracasos de personalidad que pueden ser superados sin la supresión de las fuerzas externas. La auto-mejora del activismo anti-opresión, por otro lado, supone admitir que las fuerzas externas (que son las estructuras de la opresión) influencian incluso a aquellxs que luchan contra ellas. Así, tratar con los efectos es un comple- mento conveniente para combatir las causas. Antes que el acto como complemento, la auto-mejora pacifista intenta ser una sustitución.

13-“Ser el cambio que desearías ser en el mundo” o “Personifica el cambio…” son eslóganes pacifistas comunes que se pueden encontrar al menos en un par de pancar- tas en cualquier gran protesta pacifista en los Estados Unidos. 14-E-mail personal al autor, diciembre 2003.

15-Cortright, “The Power of Nonviolence”.

tuándola ), las jerarquías violentas se mantienen a través del uso sistemático de violencia unilateral. La resistencia violenta dirigida contra las jerarquias y sus ingenieros, lejos de perpetuar el ciclo de la violencia, lo debilita. El mundo no es un campo de juego en el que los diferentes agentes sociales estén en igualdad de condiciones (en cuanto a poder y res- ponsabilidad) para ejercer la violencia. La violencia que se origina en otros niveles de la jerarquía y con fines distintos tiene también, lógicamente, resultados distintos. Para ser más específicos, si las mujeres se organizan colectivamente para atacar enérgicamente y oponerse a los violadores, violaciones concretas serán impedidas. El trauma de violacio- nes pasadas será exorcitado de una forma constructiva y empoderadora, los hombres des- cartarán la opción de violar con impunidad y futuras violaciones serán desmotivadas. O, con otro ejemplo, negros y latinos de las ciudades que llevan a cabo ataques de guerrilla contra la policía no motivan un ciclo de violencia. La policía no mata gente de color por- que estén traumatizados por pasadas situaciones de violencia; lo hacen porque el sistema de supremacía blanco lo requiere y porque les pagan por ello. La actividad revolucionaria, por supuesto, tendrá como resultado un aumento de la represión, pero este es un mero obstáculo para la destrucción del Estado, que es el mayor agente suministrador de violen- cia. Después de la destrucción del Estado, del capitalismo y de las estructuras patriarcales la gente aún estará traumatizada, aún tendrá puntos de vista autoritarios y patriarcales, pero los problemas individuales que no son reforzados estructuralmente pueden ser abor- dados de formas cooperativas no violentas. Los ejércitos no tendrán cabida.

6-Por ejemplo, Robin Morgan The Demon Lover: On the Sexuality of Terro- rism (New York: W.W. Norton, 1989). The Rock Block Collective’s pamphlet, Stick it to the Manarchy (Decentralized publication and distribution, 2001), realiza críticas válidas contra el machismo en círculos anarquistas blancos pero sugiere que la militancia en sí misma es machista, y que las mujeres, gente de color, y otros grupos oprimidos son de algún modo demasiado frágiles para participar en una revolución violenta.

7-Laina Tanglewood, “Against the Masculinization of Militancy”,citado en As- hen Ruins, Against the Corpse Machine: Defining a Post-Leftist Anarchist Critique of Violence (Decentralized publication and distribution, abril 2002). Disponible el texto entero en http://www.infoshop.org/rants/corpse_last.html.

mismísimo tejido social y arrancar la violencia de raíz en todas sus manifestaciones. Pero el pacifismo parece no haberle dado a la violencia del patriarcado su considera- ción justa. Después de todo, en las guerras, en las revoluciones sociales y en la vida diaria, las mujeres y las personas transgénero son, dentro de la sociedad patriarcal, las receptoras primarias de la violencia.

Si sacamos esta filosofía fuera de la impersonal arena política y la ponemos en un contexto más real, la no violencia implica que es inmoral que una mujer se defienda de un atacante o que estudie autodefensa. La no violencia implica que para una mujer maltratada es mejor marcharse que movilizar a un grupo de mujeres para darle una pa- liza y echar al marido maltratador de casa(2). La no violencia implica que es mejor ser violada que sacar un bolígrafo del bolsillo y hundirlo en la yugular del agresor (porque hacerlo supondría alimentar un supuesto ciclo de violencia y animar futuras violaciones). El pacifismo simplemente no resuena en las realidades diarias de la gente, a menos que esta gente viva en una extravagante burbuja de tranquilidad en la que toda forma de reactiva y pandémica violencia civil haya sido expulsada por la violencia sistémica y menos visible de la policía y de las fuerzas militares.

Desde otra perspectiva, la no violencia parece capaz de tratar con el patriarcado. Al fin y al cabo la abolición del patriarcado requiere formas de resistencia que enfati- cen la curación y la reconciliación(3). La concepción occidental de la justicia, basada en la ley y el castigo, es totalmente patriarcal. Ya los primeros códigos legales definían a las mujeres como propiedades, y las leyes fueron escritas para hombres que ostenta- ran bienes, que a su vez fueron socializados para no tratar con emociones; “los delitos” eran corregidos a través del castigo más que mediante la reconciliación. Y es más, al patriarcado no lo sostiene una elite poderosa que deba defenderlo por la fuerza, sino que lo sostiene todo el mundo.

Dado que la distribución del poder dentro del patriarcado es mucho más difusa que en el estado o en el capitalismo (por ejemplo, un General que asesora a una empre- sa armamentística, posee un poder significativo dentro del estado y del capitalismo, pero no extrae específicamente del patriarcado mucho más poder que cualquier otro

hombre, excepto quizás el de representar un rol modélico de virilidad), luchar contra los poderosos o máximos responsables juega un papel mucho más pequeño. En su lugar, las personas debemos construir una cultura que nos permita tener una identi- dad propia en términos de género y que nos apoye mientras construimos relaciones saludables y sanamos de generaciones de violencia y trauma. Esto es perfectamente compatible con el entrenamiento en autodefensa para mujeres y gente transgénero y ataca a las instituciones económicas, culturales y políticas

que ejemplifican el patriarcado o son responsables de una forma especialmente brutal del mismo. Matar a un policía que viola a trabajadoras sexuales o a personas transgénero sin techo; prenderle fuego a la oficina de una revista que conscientemente publicita un estándar de belleza que con- duce a la anorexia y a la bulimia o secuestrar al presidente de una empresa que trafica con mujeres. Ninguna de dichas acciones priva de la construcción de una cultura de libertad. Sino que más bien es la gente con poder que conscientemente saca provecho del patriarcado, la que impide activamente la emergencia de esta cultura. Valorar rela- ciones más libres se complementa con una oposición militante(4) a las instituciones que propagan relaciones explotadoras y violentas. Atacar a los más notables y proba- blemente incorregibles ejemplos del patriarcado es una manera de educar a la gente en la necesidad de una alternativa. La mayoría del trabajo requerido para superar el patriarcado probablemente será pacífico, centrado en la construcción de alternativas y la cicatrización de las heridas provocadas por éste. Pero una práctica pacifista que olvida el uso de cualquier otra táctica deja sin opción a la gente que necesita proteger- se de la violencia aquí y ahora.

En el caso de la violación y otras formas de violencia contra las mujeres, la no violencia implica las mismas lecciones que el patriarcado nos ha enseñado durante milenios: glorificar la pasividad -“poner la otra mejilla” y “dignificar el sufrimiento”- frente a la opresión. Todas las historias, mandamientos, parábolas y leyes contenidas en el Antiguo Testamento, uno de los textos más lúcidos que define cómo conservar y poner en práctica el patriarcado, aconsejan a las mujeres sufrir pacientemente la injus-

dos categorías de género como naturales, perdiendo así el primer y más importante paso en la creación del patriarcado, que es la creación de dos rígidas categorías de género. Interesante información corrigiendo esta omisión puede encontrarse en Moira Donald y Linda Hurcombe, eds. Representatinos of Gender from Prehistory to Present (St Martin’s Press, 200).

2-La última estrategia que ha sido aplicada con éxito por numerosas sociedades antiautoritarias a través de la historia, incluyendo Igbo, en Nigeria, a día de hoy. Por ejemplo, ver Judith Van Allen, “’Sitting on a Man’, Colonialism and the Lost Political Institutions of Igbo Women”, Canadian Journal of African Studies, Vol. 2, (1972): 211 -219.

3-Para una justicia más reconstituyente una forma básica para tratar con el daño social a través de la curación y la reconciliación (así, un concepto de justicia conve- niente para tratar muchos “crímenes” que tienen su raíz en el patriarcado), ver Larry Tifft, Battering of Women: The Failure of Intervention and the Case for Prevention (Boulder: Westview Press, 1993) and Dennis Sullivan and Larry Tifft, Restorative Jus- tice: Healing the Foundations of Our Everyday Life (Monsey, NY: Willow Tree Press, 2001).

4-[Nota de las traductoras] El término “militante” es usado por el autor en oposición al de “pacifista”, entendiendo ambos conceptos como dos formas distintas de acti- vismo: el primero no excluye el uso de la acción directa o armada mientras que el segundo lo niega y censura; este uso se extiende a todo el mundo anglosajón.

5-bell hooks presenta un análisis más complejo, tratando también con el proble- ma de la violencia de las mujeres, en muchos libros incluido The Will To Change: Men, Masculinity, and Love (New York: Atria Books, 2004). Sin embargo la violencia de las mujeres que hooks discute no es política, violencia consciente contra agentes del pa- triarcado, sino, más bien un impulsivo desplazamiento del maltrato dirigido contra lxs niñxs y a otros que se sitúan más abajo de la jerarquía social. Este es un ejemplo de un verdadero ciclo de violencia, que las pacifistas suponen que es la única forma de vio- lencia. Y mientras todas las formas traumáticas de violencia se convierten en cíclicas (esto es, la manera en la que la gente reacciona al trauma de la violencia inicial perpe-

violenta. Sin embargo, las mujeres eligen la no violencia no por desear mejorarse a sí mismas a través de un sufrimiento añadido, sino porque la estrategia encaja con sus valores y recursos(38).

Constriñendo a las mujeres a la no violencia parece que las feministas paci- fistas deban también constreñir nuestra definición de los “valores y recursos” de las mujeres; definen qué rasgos son esencialmente femeninos encerrando a las mujeres en un rol falsamente identificado como natural, y dejan fuera a las que no encajan con ese rol.

Es difícil cuantificar cuantas feministas aceptan hoy en día las premisas del esencialismo, pero parece que un amplio número de feministas de base no aceptan la idea de que el feminismo y la no violencia estén o deban estar inherentemente vincula- dos. En un foro de discusión on line, decenas de mujeres que se autodefinen como fe- ministas respondieron a la cuestión: “¿Existe un vínculo entre la no violencia y el femi- nismo?” Una mayoría de las presentes, algunas pacifistas, otras no, expresaron la cre- encia de que las feministas no necesitan apoyar la no violencia. Un mensaje lo resumió de la siguiente manera: “ Todavía existe una presión sustancial dentro del feminismo que vincula a las mujeres a la no violencia. Pero existen también un montón de femi- nistas ahí fuera, entre las que yo misma me incluyo, que no quieren verse a sí mismas automáticamente incluidas en una postura (esto es, la no violencia) simplemente por nuestros genitales o por nuestro feminismo(39)”. Traducido por :

RIOT IN TRANSLATION (Sara y Miriam). DESTROY THE ©OPYRIGHT

1-Para más información sobre el patriarcado, recomiendo encarecidamente las obras de bell hooks así como las de Kate Bornstein (por ejemplo Gender Ou- tlaw) y Leslie Feinberg (por ejemplo Transgender Warriors). También para un acercamiento histórico y antropológico The Creation of Patriarchy de Gerda Lerner (New York: Oxford University Press, 1986) tiene buena información aunque Lerner se limita mucho a sí misma dentro de una perspectiva binaria del genero aceptando

ticia y rezar para que la divina Autoridad intervenga. (Esta prescripción es parecida a la fe que tiene el pacifismo en que los medios de comunicación diseminen imágenes del sufrimiento dignificado para motivar a las autoridades a que ejecuten la justicia). Dado que el patriarcado prescribe claramente una violencia masculina unilateral, las mujeres estarían interrumpiendo esta dinámica de poder, no reforzándola, sino reapro- piándose de su capacidad de ejercer violencia(5). En este sentido, el hecho de que las mujeres reclamen la habilidad y el derecho al uso de la fuerza no pone fin por sí mis- mo al patriarcado, pero es una condición necesaria para la liberación de género, así como una forma útil de empoderamiento y de protección a corto plazo.

Las pacifistas y las feministas reformistas han señalado a menudo que son las personas que practican el activismo militante las que son sexistas. En muchos casos específicos, dicha acusación ha sido válida. Pero la crítica frecuentemente se extien- de a sugerir que el uso activista de la violencia es sexista en sí mismo, masculino, o por lo menos privilegiado(6). Como Laina Tanglewood explica: “Algunas ‘feministas’ recientes critican que el anarquismo ha condenado a la militancia a ser sexista y a no incluir a las mujeres… Esta idea es en realidad la más sexista(7).” Otras anarquistas señalan que “De hecho, la masculinización de la violencia, con su velada concomitan- cia sexista y la feminización de la pasividad, realmente se debe más a aquellas perso- nas cuya noción del cambio no incluye la revolución o la aniquilación del Estado(8).”

De igual forma, ¿qué noción de libertad no incluye la capacidad de las mujeres para defenderse a sí mismas? Respondiendo a la suposición de que las mujeres sólo pueden ser protegidas por unas amplias estructuras sociales, la activista Sue Daniels nos recuerda: “Una mujer puede deshacerse de un atacante por sí misma… No es en absoluto cuestión de quién sea físicamente más fuerte; es una cuestión de entrena- miento(9).” The Will to Win! Women and Self-Defense, un panfleto anónimo, añade lo siguiente:

Es ridículo que halla tantas organizaciones de apoyo y orientación para mu- jeres que han sido violadas, atacadas y maltratadas, y apenas ninguna que trabaje para preparar y prevenir que estas cosas sucedan. Debemos rechazar ser víctimas y deshechar la idea de que debemos someternos a nuestros agresores para mantenernos

alejadas de una violencia aún más extrema. En realidad, someternos a nuestros agreso- res solo contribuirá a una violencia futura contra otras (10).

La idea de que la violencia es masculina, o que el activismo revolucionario excluye necesariamente a las mujeres, queers y gente trans está, como otras premisas de la no violencia, basada en un olvido histórico(11). Se ignoran las mujeres nigerianas ocupadas en sabotear los yacimientos de petróleo; las mujeres mártires de la intifada palestina; las guerreras queer y transgénero de la Stonewall Rebellion; las miles de mu- jeres que lucharon con el Vietcong; las mujeres líderes de la resistencia Nativa al geno- cidio europeo y norteamericano; Mujeres Creando, un grupo de anarco-feministas de

transfóbico y esencializador del género(36) de la Universidad de California. Prosigue hurgando en “nuestro remoto pasado pre-humano. Entre lxs chimpancés, nuestras más cercanas relaciones, los machos patrullan el territorio en el que las hembras alimentan a las crías… Las hembras raramente están en estos frentes; ellas se dedican más al típi- co cuidado directo de su descendencia.” Flinders afirma que esto muestra que “dedicarse al combate directo nunca ha constituido un rasgo especialmente adaptativo para las mujeres” y “las mujeres tienden a acercarse a la no violencia desde frentes dis- tintos e incluso a vivir la no violencia de forma bastante diferente”(37). Flinders está cometiendo otro disparate en nombre de la ciencia, a parte de estar asumiendo un tono destacablemente sexista. Primeramente, el determinismo evolutivo que usa ni es escru- puloso ni se puede probar; su popularidad proviene de la utilidad de crear una coartada para las estructuras sociales históricamente opresivas. Incluso en este marco dudoso, Flinders es inexacta en sus asunciones. Lxs humanxs no se desarrollaron a partir de lxs chimpancés; más bien ambas especies se desarrollaron a partir de una misma predece- sora. Lxs chimpancés son tan modernxs como lxs humanxs y ambas especies han teni- do la oportunidad de desarrollar adaptaciones en el comportamiento que divergen del ancestro común. No estamos más atadas a las divisiones de género de lxs chimpancés de lo que ellxs lo están a nuestra propensión a desarrollar listas de palabras inmensas para oscurecer la verdad del mundo que nos rodea. En segundo lugar, a través del mis- mo camino que la llevó a afirmar la tendencia femenina a la no violencia, Flinders se ha encontrado con la afirmación de que el rol natural de las mujeres es confortar a lxs niñxs y alimentar a todo el mundo lejos de las lineas del frente. Flinders ha demostrado marcada aunque accidentalmente, que el mismo sistema de creencias que dice que las mujeres son pacíficas, también dice que el rol de las mujeres es el de cocinar y criar niñxs. El nombre para este sistema de creencias es el de patriarcado.

Otro artículo de una feminista académica se pone esencialista en menos que can- ta un gallo. En el segundo párrafo de “Feminismo y No Violencia: Un Modelo Relacio- nal” (Feminism and Nonviolence: A Relational Model), Patrizia Longo escribe:

Años de investigación… sugieren que a pesar de los problemas poten- ciales que supone, las mujeres han participado de forma consistente en la acción no

Bolivia; las sufragistas británi- lucharon contra la policía. Se que ocuparon los más altos del Black Panther Party, las ground, y otros grupos militan- de algún modo excluye a las ra la historia del blanco y paci- rrobora, porque ni el patriarcado más efectivo que pudiéramos imaginar jamás sería capaz de impedir que toda la gente transgénero y todas las mujeres lucharan de mane- ra militante contra la opresión.

La gente partidaria de la no violencia que hace una limitada excepción con la autodefensa porque reconoce hasta qué punto es erróneo decir que las personas oprimi- das no pueden o deben protegerse a sí mismas, no tiene estrategias viables para tratar con la violencia sistémica. ¿Sirve la autodefensa para defenderse de un marido maltratador, pero no para hacer saltar por los aires una fábrica emisora del dióxido que intoxica tu leche materna? ¿Qué hay acerca de una campaña más coordinada para des- truir la empresa a la que pertenece la fábrica y es responsable de liberar los contami- nantes? ¿Es autodefensa matar al general que envía a los soldados que violan a las mu- jeres en una zona de guerra? ¿O deben las pacifistas permanecer a la defensiva, solo respondiendo a ataques individuales y sometiéndose a sí mismas a la inevitabilidad de tales ataques hasta que la táctica no violenta haga cambiar de alguna forma al general o provoque el cierre de la fábrica, en un futuro incierto?

cas que generaron disturbios y olvidan también las mujeres niveles de liderazgo al frente zapatistas, las Weather Under- tes. La idea de que defenderse mujeres es absurdo. Ni siquie- ficado “Primer Mundo” lo co-

del pasado (por ejemplo, la postura machista del Weather Underground o el anti-feminismo de las Brigatte Rosse)(33). Pero el hecho de tomarnos seriamente estas críticas no impide que señalemos la hipocresía de las feministas que censuran encanta- das el comportamiento sexista de lxs militantes y a la vez lo cubren cuando son pacifistas lxs que lo cometen -por ejemplo, deleitándose con el cuento de que Gandhi aprendió de su mujer la no violencia, obviando los inquietantes aspectos patriarcales de su relación-(34).

Algunas feministas van más allá de las críticas específicas y tratan de forjar un enlace metafísico entre el feminismo y la no violencia: esta es “la feminización de la pasividad” antes mencionada. En un artículo publicado en el periódico de Berkeley Peace Power Carol Flinders cita un estudio de los científicos de la Universidad de Ca- lifornia (UCLA) afirmando que las mujeres están programadas hormonalmente para responder al peligro no con el mecanismo del “ataca o corre”, el cual se atribuye a los hombres, sino con el mecanismo de “cuida o entabla amistad”. De acuerdo con estos científicos, las mujeres, en un estado de amenaza, “ calman a lxs niñxs, alimentan a todo el mundo, difuminan la tensión y conectan con otras mujeres”(35). Este tipo de ciencia sensacionalista ha sido una herramienta favorable para reconstituir el patriarca- do mediante la supuesta prueba de la existencia de diferencias naturales entre hombres y mujeres; la gente está demasiado predispuesta a olvidar principios matemáticos bási- cos con tal de poder entregarse a un mundo tan bien ordenado. A saber, dividiendo ar- bitrariamente a la humanidad en dos partes (hombre y mujer) basadas en un número muy limitado de características invariablemente producirán diferentes resultados que funcionan como cánones para cada parte. La gente que no sabe que un resultado extraí- do a través de tal operación aritmética no expresa, sino que oscurece la diversidad de las partes, declara felizmente que dichas partes son categorías naturales y continúan haciendo sentir a la gente como antinatural y anormal si no encajan con el cánon de la parte que les corresponde (No quiera Dios que encajen con el resultado de la parte opuesta. ¡Hagamos una pausa para brindar por la imparcialidad de la Ciencia!).

Pero Flinders no se contenta con detenerse aquí, con el estudio implícitamente

Aparte de proteger al patriarcado de la oposición militante, la no violencia tam- bién ayuda a preservar las dinámicas patriarcales dentro del movimiento. Una de las mayores premisas del presente activismo anti-opresión (nacido del deseo común de promover movimientos más libres y empoderados y de evitar el cuerpo a cuerpo am- pliamente contenido por dinámicas de opresión y de descuido que invalidó las luchas de liberación de las generaciones previas) es que las opresivas jerarquías sociales exis- ten y se reproducen a sí mismas en el comportamiento de toda persona y deben ser su- peradas tanto interna como externamente. Pero el pacifismo prospera evitando la auto- crítica(12). La mayoría de nosotrxs estamos familiarizadxs con el estereotipo parcial- mente justificado de la auto-complacencia, la auto-celebración de activistas no vio- lentxs que “personifican el cambio que desearían ver en el mundo(13)” hasta tal grado que en sus mentes ellxs personifican todo lo correcto y bonito. Un seguidor de una or- ganización pacifista exclamó, en respuesta a críticas entorno al privilegio, que el líder de raza blanca y género masculino perteneciente a un grupo, posiblemente no podía ejercer un privilegio por ser blanco y por ser hombre ya que se trataba de una buena persona, como si la supremacía blanca y el patriarcado fueran asociaciones enteramen- te voluntarias(14). En tal contexto, ¿con qué facilidad podría un grupo con un liderazgo predominantemente masculino, entendido como la personificación del ideal no violen- to, a resultas de su participación en un impresionante número de huelgas de hambre y sentadas, ser movilizado contra comportamientos opresivos, contra la transfobia o contra el abuso sexual?

La tendencia del pacifismo a evitar la autocrítica no es solo típica, es fun- cional. Cuando tu estrategia para vencer proviene de “capturar y mantener la superio- ridad moral como una ventaja frente a nuestros oponentes(15)” es necesario retratarte a ti mismx como moral y a tu enemigo como inmoral. No cubrir fanatismos y dinámicas opresivas frente a líderes y miembros del grupo es simplemente contraproducente para tu estrategia escogida. Cuánta gente sabe que Martin Luther King Jr. trató a Ella Baker (quien es la responsable general de la construcción de la -Southern Christian Leaders- hip Conference [SCLC], mientras King era todavía inexperto como organizador) como a su secretaria; y se rió en la cara de algunas mujeres de la organización cuando sugi-

rieron que el poder y el liderazgo deberían ser compartidos; dijo además que el rol natural de las mujeres era la maternidad, y que ellas, desafortunadamente, se veían “forzadas” a ocupar las posiciones de “maestro” y “líder”(16); y echó a Bayard Rustin de su organización porque Rustin era gay(17)? Pero entonces, ¿por qué estos factores, ampliamente disponibles cuando convertimos a King en un icono, conllevarían el en- cubrir tales faltas retratándolo como un santo? Para el activismo revolucionario, de todos modos, la victoria llegará a través del empoderamiento y del uso de mejores estrategias para combatir el estado y sobrevivir a la represión. Tal vereda requiere constante evaluación y autocrítica(18).

A menudo preexisten asunciones sexistas que pintan a los grupos militantes más sexistas de lo que en realidad son. Por ejemplo, las mujeres eran, efectivamente,

excluidas de las posiciones de liderazgo en el SCLC(19) de King, cuando por el contrario las mujeres (por ejemplo, Elaine Brown) a veces alcanzaron las más altas posiciones en el Black Panther Party [BPP]. Aún así es el BPP, y no el SCLC, el que se alzó como el pa-

radigma del machismo. Kathleen Cleaver lo refutó cuando dijo: “En 1970, el BPP tomó una posición formal en la liberación de la mujer(20). ¿Hizo el congreso de los Estados Unidos la más mínima declaración acerca de la liberación de la mujer?” Frankye Malika Adams, otra Pantera, dijo: “Las mujeres organizaron bastante la BPP. No sé cómo consiguieron ser un partido de hombres o pensaron como si lo fueran (21)” . Resucitando una historia más rigurosa del Black Panther Party, Mumia Abu- Jamal documenta que fue, de alguna forma, “un partido de mujeres(22)”.

No obstante, el sexismo persistió entre los Panteras, como persistió en cual- quier ambiente revolucionario, y en cualquier otro segmento de la sociedad patriarcal de hoy en día. El patriarcado no puede ser destruido de la noche a la mañana, pero puede ser gradualmente vencido por grupos que trabajan para destruirlo. El activismo debe reconocer al patriarcado como el principal enemigo y abrir espacios en los movi- mientos revolucionarios para mujeres, gente queer y gente transgénero para consti- tuirse como fuerzas creativas a la hora de dirigir, asesorar y reformular la lucha

comenzado a dividir totalmente al ala radical del resto del movimiento aislándolos para debilitar al movimiento entero. En los 70 tuvimos la experiencia de lo que signi- fica que sectores de la izquierda adopten la propaganda del estado, cuando empiezan a presentar a aquellxs que luchan de manera autónoma(31) como lxs responsables del estado de persecución, destrucción y represión. No solo confunden la causa con el efecto, sino que implícitamente justifican el estado de terror. Por lo tanto, son ellxs mismos quienes debilitan sus propias posiciones. Estrechando el marco de las protes- tas y las resistencias…

La entrevista prosiguió planteando la siguiente cuestión: ¿Como pueden las mujeres no autónomas, no radicales, entender lo que

queréis? Las acciones armadas tienen un efecto “ahuyentador”. Zora 2: Quizás es temible que la realidad del día a día sea cuestionada. Las

mujeres a las que desde la cabeza con la idea de que guras si tienen que enfren- res ni son víctimas ni son provocación. Aquellas falta de poder con rabia tras acciones. Dado que cada acto de violencia en contra de una mujer crea una atmósfera de amenaza contra todas las mujeres, nuestras acciones contribuyen, inclu- so si sólo apuntan al responsable individual, al desarrollo de una atmósfera de “¡La resistencia es posible!”(32).

Hay, sin embargo, mucha literatura feminista que niega los efectos empodera- dores (e históricamente importantes) de la lucha militante en el movimiento de muje- res y en otros movimientos, ofreciendo en su lugar un feminismo pacifista. Las femi- nistas pacifistas apuntan al sexismo y al machismo de ciertas organizaciones militan- tes de liberación, a las cuales deberíamos dirigirnos para que lo reconozcan. El argu- mentar en contra de la no violencia y en favor de una diversidad de tácticas no deber- ía implicar en absoluto un acuerdo con las estrategias o culturas de grupos militantes

pequeñas se les ha machacado son víctimas se vuelven inse- tarse al hecho de que las muje- pacíficas. Esto constituye una mujeres que experimentan su pueden identificarse con nues-

fugitiva por evadir comparecencias ante el juzgado con los cargos de tenencia de explosivos. En febrero de 1976, fue encontrada muerta con un disparo en la nuca; el forense apuntó como causa de la muerte “hipotermia”. Tras su fallecimiento, se supo que el FBI la había amenazado de muerte por no delatar a otrxs activistas del AIM. Durante toda su vida, Pictou-Aquash fue una activista y revolucionaria muy compro- metida.

Esta gente blanca piensa que el país les pertenece -no se dan cuenta de que si están ahora en el cargo correcto es solamente porque son más numerosos-. El país entero cambió con sólo un puñado de peregrinxs harapientxs que vinieron aquí en 1500. Se puede coger a un puñado de indixs harapientxs para hacer lo mismo; yo in- tenté ser unx de esxs indixs(29).”

Rote Zora (RZ) fue un grupo alemán de guerrilla urbana de feministas anti- imperialistas. Junto a las aliadas Células Revolucionarias, llevaron a cabo más de dos- cientos ataques, mayoritariamente poniendo bombas, durante los 70 y 80. Apuntaron hacia pornógrafos; empresas explotadoras; edificios gubernamentales; compañias que traficaban con mujeres para ser esposas, esclavas sexuales y trabajadoras domésticas; entre otras cosas. En una entrevista anónima, integrantes del Rote Zora explicaron: “las mujeres del RZ empezaron en 1974 poniendo una bomba en el Tribunal Supremo en Karlsruhe porque queríamos la abolición total de la ‘218’ (la ley del aborto)”(30). A la pregunta de si la violencia daña al movimiento tanto como sus bombas, respon- dieron:

Zora 1: ¡Que daña al movimiento! Hable en todo caso de la instalación de la represión. ¡Las acciones no dañan al movimiento! Todo lo contrario, pueden y deben apoyarlo de una forma directa. Nuestro ataque contra los traficantes de mujeres, por ejemplo, ayudó a exponer a la luz pública sus negocios, a amenazarlos, y ahora ellos saben que tienen que anticiparse a la resistencia de las mujeres si quieren seguir adelante con sus negocios. Estos “caballeros” saben que tienen que prever la resistencia. A esto lo llamamos el fortalecimiento de nuestro movimiento.

Zora 2: Hace ya mucho tiempo que la estrategia de la contrarrevolución ha

(mientras también se da apoyo a los esfuerzos de los hombres para entender y contrarres- tar nuestra propia socialización). Una evaluación honesta muestra que no importan nues- tras intenciones, queda mucho trabajo por hacer para liberar el movimiento del control de las manos de los hombres y para encontrar formas más saludables y reconfortantes para tratar con patrones de abuso en las relaciones, sociales o sexoafectivas entre miembrxs del movimiento.

Casi todas las discusiones tácticas o estratégicas en las que he participado, fueran éstas militantes o pacifistas, han sido atendidas y dominadas abrumadoramente por hom- bres. Lejos de mantener que las mujeres y la gente transgénero son de algún modo inca- paces de participar en un amplio espectro de opciones tácticas (o incluso de discutirlas), haríamos bien en recordar las voces de aquellas que han luchado -violentamente, de ma- nera desafiante, efectivamente- como revolucionarias. Con este fin:

Mujeres Creando es un grupo anarco-feminista de Bolivia. Sus componentes se han dedicado a campañas de grafitis y campañas antipobreza. Protegen a la gente de la violen- cia policial durante las manifestaciones. En su acción más dramática, se armaron con cócteles molotov y cartuchos de dinamita y ayudaron a un grupo de granjeros indígenas a tomar un banco para demandar que les perdonaran la deuda que les estaba matando de hambre a ellxs y a sus familias. En una entrevista, Julieta Paredes, una miembro fundado- ra, explica los orígenes del grupo:

“Mujeres Creando es una “locura” iniciada por tres mujeres [Julieta Paredes, María Galindo y Mónica Mendoza] desde la arrogante, homofóbica y totalitaria izquierda de la Bolivia

de los ochenta… La diferencia entre nosotras y aquellos que hablan acerca del derrocamiento del capitalismo es que todas sus propuestas para una nueva sociedad provienen del patriarcado de izquierda. Como feministas, en Mujeres Creando queremos revolución, un cambio real del sistema… He dicho ya antes y quiero repetir que no somos anarquistas por Bakunin o la CNT, sino más bien por nuestras abuelas, y esta es una hermosa escuela de anarquismo(23).”

Sylvia Rivera, una drag queen puertorriqueña, habló acerca de su participación en la rebelión de Stonewall en 1969, provocada tras la redada policial, en el Stonewall Bar en Greenwich Village de la ciudad de Nueva York, con el fin de acosar a la clien- tela trans y queer.

No aceptaremos más mierda de ésta. Hemos hecho mucho por otros movimientos. Llegó el momento.

En primera línea estaban los gays de las calles de Village y la gente sin techo que vivía en el parque de Sheridan Square frente al bar, después las drag queens y todo el mundo detrás nuestro…

Estoy encantada de haber estado en los disturbios de Stonewall. Re- cuerdo que cuando alguien lanzó un cóctel Molotov, pensé:”¡Dios mío, la revolución finalmente está aquí!”

Siempre creí que tendríamos que defendernos. Estaba segura de que nos defenderíamos. Solo que no sabía que iba a ser esa noche. Estoy orgullosa de mí misma por haber estado allí aquella noche. Si me hubiera perdido ese momento, me habría sentido de algún modo dolida porque fue entonces cuando vi cómo cambiaba el mundo para mí y para mi gente.

Aunque claro, todavía queda ante nosotras un largo camino por recorrer(24).

Ann Hansen, una revolucionaria canadiense, cumplió siete años de condena en prisión por estar involucrada en 1980 en los grupos clandestinos Direct Action y la Wimmin’s Fire Brigade, que, entre otras acciones, pusieron una bomba en la fábrica de Litton Systems (fabricante de componentes para misiles navales) y lanzaron bom- bas incendiarias en una cadena de tiendas de pornografía que vendía vídeos retratando violaciones. De acuerdo con Hansen:

Hay muchas formas diferentes de acción directa, algunas más efecti- vas que otras en diferentes momentos de la historia, pero en conjunción con otras for- mas de protesta la acción directa puede hacer más efectivo el movimiento por el cam- bio abriendo caminos de resistencia que no son ni fácilmente absorbidos ni fácilmente

controlables para el estado. Desgraciadamente, la gente dentro del movimiento debilita sus propias acciones cuando fracasa en el entendimiento y el apoyo de las diversas tácticas disponibles… Nos hemos vuelto pacíficxs(25).

Emma Goldman, nacida en Rusia, -la anarquista americana más famosa-, participó en el intento de asesinato del empresario del acero Henry Clay Frick en 1892; partidaria de la Revolución Rusa y una de las primeras críticas con el gobierno leninista, escribe así acerca de la emancipación de las mujeres: “La historia nos cuenta que toda clase oprimida se gana la verdadera libera- ción de sus amos a través de sus propios esfuerzos. Es nece-

sario que la mujer aprenda esta lección, que se dé cuenta de que no alcanzará su liber- tad hasta que alcance el poder para realizarla(26)”.

Mollie Steimer fue otra inmigrante anarquista rusa en América. Desde muy joven, Steimer trabajó con Frayhayt, un periódico anarquista en yiddish de Nueva York. En la portada del mismo aparece este lema: “La única guerra justa es la revo- lución social”. Desde 1918 en adelante, Steimer fue arrestada y encarcelada repetida- mente por hablar claro en contra de la Primera Guerra Mundial o en apoyo de la Re- volución Rusa, que, en aquel tiempo, antes de la consolidación leninista y las purgas, tenía un componente significativamente anarquista. En un juicio declaró: “Para el cumplimiento de esta idea (el anarquismo), consagraré toda mi energía y, si es nece- sario, daré mi vida por ello(27)”. Steimer fue deportada a Rusia y luego encarcelada por los Soviets por su apoyo a lxs anarquistas presxs allí.

Anna Mae Pictou-Aquash fue una mujer Mi’kmaq y una activista del American Indian Movement (AIM). Después de enseñar y orientar a la juventud Nativa, y “trabajar con las Boston’s African American and Native American Communities(28)”, se unió a la AIM y se involucró en la ocupación de 71 días del Wounded Knee en la reserva de Pine Ridge en 1973. En 1975, en relación a un periodo de brutal represión, durante el cual al menos 60 miembros y partidarixs de la AIM fueron asesinadxs por paramilitares equipados por el FBI, Pictou Aquash estuvo presente en un tiroteo en el que dos agentes del FBI fueron asesinados. En noviembre de 1975, fue declarada



NO DAR EL BRAZO A TORCER

la violència com a eina política

Sota el pes de les seves paraules

Violència, paraula maleïda, com tantes altres. Paraules desgastades, violades, robades. Pau, llibertat, justícia, terrorisme, igualtat, etc. Violència, com a arma carregada al servei del poder i a les ordres d’una comunicació que no comunica, que imposa. Violència, com a definició de tota pràctica i acció de les que es troben fora, de les que no es circumscriuen dins d’aquest pantà anomenat democràcia.

Podria ser d’una altra manera? La violència quelcom propi d’un Estat modern, avançat i científicament desenvolupat?

Com a bon producte de la lògica mercantil que és, aquesta societat que patim es construeix simbòlicament, a través de les seves institucions de màrqueting i dels seus aparells de propaganda, al voltant d’allò bo i positiu, foragitant tot discurs i pràctica que en algun moment pogués haver-la posat en qüestió. Així és com aquesta societat existeix per la pau, contra la guerra i la violència, per la llibertat, per l’ecologia, per l’educació, construint-se discursivament al voltant dels valors que han impregnat l’humanisme i els Estats moderns.

Se’ns pretén convèncer que la violència ja no és pròpia de les democràcies avançades, és quelcom primitiu, del passat, de sers irracionals; sempre de l’Altre. I així aquesta societat es submergeix en una esquizofrènia absoluta, produïda per la dicotomia amb la que es presenta el problema de la violència. Per una part, hi ha la societat que se’ns presenta com l’intent infinit d’absència de conflicte, de força, valent-se de la resolució dels problemes públics amb els mecanismes òptims de negociació i de diàleg. Per l’altra, la paranoia securitària ens atropella amb milers de crims i amb un estat de profund i immens malestar que explota amb les pitjors de les violències: de gènere, al futbol, de les màfies, a la prostitució; crims horribles, violacions, maltractaments, terrorisme; i de fons dominant-ho tot la catàstrofe, la misèria i la guerra de les que viuen a fora del nostre paradís, perquè no fem comparacions odioses. Davant d’això, als poder dominants no els queda cap altra solució que la de controlar, vigilar, regular i dominar una societat suposadament pacificada, cívica i ordenada; i en certes circumstàncies recórrer a la desagradable decisió d’utilitzar la violència per restablir la pau i l’ordre perquè tot torni al seu curs, a la tan apreciada normalitat.

Se’ns presenten dos móns: el del bé i el del mal; el d’elles i el nostre; el de la gent integrada que participa amb el seu abnegat consentiment i el de les excloses que es rebolquen en el fanguer de la delinqüència i la marginació. Les que en un moment donat poden fer trontollar aquesta pau de castell de cartes, sostinguda amb la por i la submissió.

Aquests són els mites sobre els que es construeix la nostra societat en relació a la violència. Tants segles de violència explícita, reconeguda i defensada per totes, amb poquíssimes excepcions, produïren un canvi a les paraules del Poder. A la nostra esquena hi queden difuminades les batalles de la lluita de classes, els combats que canviaren poc a poc el discurs; la gent que s’havia aixecat precisament contra la violència organitzada de l’Estat i el Capital bé que es mereixia una resposta, i no només física sinó també en la construcció del llenguatge i els símbols del poder.

I aquí ens trobem les que ens declarem enemigues d’aquesta societat, havent de soportar aquesta immensa càrrega, amb la feixuga tasca de crear i generar discursos que puguin superar tot aquest ordre simbòlic que domina la societat. Ja que avui dia qui utilitza la violència està contra la democràcia, lícita, legítima i això ens posa en la tessitura d’haver d’escollir entre dues opcions complementàries i ben definides: per un costat, lloar el terrorisme i escupir al món, per l’altre, jutjar-lo rigorosament i assumir la moral del pacifisme. 

Despullant el concepte de violència

La violencia suave del exterminio es aquella que consensúa, pacifica, neutraliza, controla con la finalidad de determinar una situación no violenta, mucho más espectacular y aparente que real, que permite existir la continuidad de la violencia del sistema sin que se le oponga una violencia antagónica.

La Agonía del Poder, Jean Baudrillard

Del Estado al hombre es orden, del hombre al Estado violencia, esta paz huele mal.

La Polla Records

Per poder parlar de la violència necessitem primer entendre el marc en el qual desenvolupem la discussió. Més enllà del que ens sugereixin les ideologies, hem de veure la manera com es desenvolupa la societat democràtica occidental. La violència explícita, física, és per a la societat quelcom menys visible degut als contextos socialment pacificats en els que vivim. En canvi, per diferents sectors socials que no han abandonat les pràctiques d’il·legalitat el sistema reprimeix durament, no  és així en l’entorn polític que gaudeix del marge de maniobra que li adjudica la legalitat. Els sectors sotmesos a una violència oberta són pocs i dilatats en el temps. La tortura sistemàtica-metodològica existeix més aviat contra les migrants i les preses que contra les altres capes de la societat. La violència estatal colpeja molt més a la delinqüència que a les antagonistes. Això no treu que recorrin a l’escarment contra els sectors que persisteixen en una política de combativitat.

Sumada a aquesta violència explícita, la violència estructural persisteix, a ella fem referencia. L’esclavitud assalariada com a única manera de supervivència no és una mera coacció. La dependència al salari ens converteix en éssers vulnerables a l’economia; la imposició del lloc, ritmes i horaris de treball ens condiciona fins al punt de fer girar per complet la nostra vida entorn a ell; la productivitat mira amb indiferència el goteig continuat dels accidents i la sinistralitat laboral. La major pobresa i misèria continuen sent endèmiques en certs barris i gents; l’ascens social és una il·lusió angoixant que genera impotència i frustració; els estatus socials estigmatitzen insultant i humiliant. La lògica del benefici no hi entén de moral, no té ressentiments ni mala consciència. Es així com la violència més descarnada es reprodueix reestructurant els barris, escombrant de cop el teixit social, les relacions i els costums, condemnant a la marginació i la pobresa els seus exiliats. La pèrdua de comunitat, fraternitat i germandat i les individualistes, falses i superficials relacions socials que vivim comporten que, per a moltes, la vida sigui una autèntica tortura, un sofriment que es manifesta en un sens fi de malalties mentals que només troben sortida en la medicalització, les autolesions o el suïcidi.

De la mateixa manera, els privilegis del món heteronormatiu i masculí, arrelats a les nostres relacions, s’amaguen darrera l’aparent igualtat d’oportunitats i tracte per seguir persistint en la subtil -i sovint no tant- violència del patriarcat.

Aquesta violència estructural, menys explícita, amaga l’evidència del conflicte, permet la continuïtat del sistema de dominació sense que les classes desafavorides vegin i concretin les seves enemigues, acusant  d’altres dels seus mals  i refugiant-se en la comoditat dels discursos que dicten els mitjans de comunicació. En l’aspecte laboral,  allò que en l’economia de la modernitat permetia definir clarament, sense embuts, com a classes socials, l’actual descentralització de la indústria i terciarització de l’economia que ha comportat autònoms, multitud de petits negocis, professionals liberals, etc. permet que aquesta violència econòmica no tingui una clara responsable, una definició concreta, sinó que es dilueix en el magma d’allò personal. La culpa ara és meva, de la del costat, «dels xinos», d’aquest «jefe» o d’aquella empresa, però no del capitalisme.

La mentalitat del progrés dóna arguments a tota reestructuració urbana i metropolització de l’àmbit rural, sense importar quines siguin les seves conseqüències. És així que ens venen el barri del Carmel com un lloc aïllat on viuen moltes àvies, on es necessita una parada de metro. Quina importància tenen els blocs que van al terra, les veïnes desplaçades i la conseqüent revalorització del barri que farà fora a moltes d’elles? El progrés no és un discurs, no és una proposta, no és una discussió, és un fet.

Ens diuen que la tortura evident del dolor psíquic de moltes no és un problema estructural. No és la manifestació clara d’una vida nociva, sinó un problema personal. Encara que totes estiguem medicades o anem a psiquiatres o psicòlogues, és el meu problema, el teu, el seu però mai el nostre.

Pel que es refereix al sistema patriarcal, el miratge d’igualtat que l’alliberament de la dona oferí permet que la violència es desdibuixi en gestos, actituds, maneres de fer i de viure, de relacionar-se i de maltractar-se. Així es normalitza i es fonamenta en els pilars d’aquesta cultura, un cop més, la violència sexista, fent-nos sentir que no hi ha res perquè queixar-se encara que tot segueixi fent olor a dominació masculina.

Més enllà dels nostres barris i ciutats, a nivell estructural, la violència es desplega, per fi, amb tot el seu esplandor. La lògica del benefici capitalista, que exigeix la dominació dels recursos i la dominació del mercat, se sustenta en el major ús de la força. Existeix la guerra com a negoci i la guerra com a control geoestratègic i econòmic.

El capitalisme es fonamenta, per tant, en la violència més profunda. Allà on existeixi la servitud regnarà amb serenitat i on existeixi una resistència als seus interessos aplicarà la força i si la cosa persisteix, la guerra. El més brillant és haver aconseguit pacificar aquesta societat, pacificar en el sentit d’evitar una resposta social als agreujants que pateix la població. No som ingènues, les conquestes laborals i la major capacitat de consum han estat motors importants per aquest procés, però la idiotització generalitzada i la submissió a la democràcia han operat en altres camps. Potser les conquestes laborals van ser  el Cavall de Troia per penetrar en la ment de la gent, però, un cop allà, les portes obertes de bat a bat a la televisió i altres mitjans de comunicació són les que han dilapidat qualsevol comportament crític. De la mateixa manera, no ajuda gens la falta d’horitzons o alternatives en les que poder-se afermar. La ideologització de la població ha estat quasi perfecta, i la resposta o, més ben dit, l’absència d’ella a la present crisi econòmica ens demostra clarament aquest fet.

El Poder és hegemònic, aixafa la realitat de cada una i es manifesta a les nostres vides per dictar les ordres que hem d’acatar. A través dels mitjans de comunicació ens imposen les veritats acceptades, les veritables que més tard seran acceptades com a úniques i universals. I a través de la quotidianitat el consens social es consolida. Elles són la veu reconeguda per totes i així són la moral, els codis que seguim. És per això que podem entendre i sentir comportaments i armes de qui sol utilitzar la violència com a pacífiques i, en canvi, les reaccions davant la seva hegemonia com a violència.

Malgrat tota aquesta violència estructural, en un estat d’esquizofrènia absoluta, celebrem una festa en nom d’aquesta llibertat tan injuriada a cada pas que s’aguditza el fanguer de dispositius de control d’aquesta societat. Mentre l’ordre es reestructura, lleis i reglamentacions ens imposen normes i deures, regulant cada vegada més les nostres vides. A part d’aquest aparell legal i de contenció psicològica, les presons, els exèrcits, els policies i la seguretat privada es multipliquen en nombre i complexitat.

Malgrat que el grau de violència repressiva manté relació amb el de la conflictivitat social, aquest increment i diversificació del control de la societat -les reformes i l’enduriment de les lleis i les penes, la multiplicació d’infraestructures i tècniques a disposició de la repressió, l’augment d’efectius- és també la lògica del domini.

El problema resta en les maneres amb les que ens oposem a tota aquesta violència.

Típics i tòpics; judicis i prejudicis; elogi i menyspreu a la violència 

L’acció política es desenvolupa a Barcelona per diferents grups i persones. Existeixen diverses maneres d’entendre la política, existeixen diverses cultures i ideologies. Les idees i accions d’aquests grups difícilment seguiran els esquemes rígids de les postures que volem criticar. És cert, però, que amb aquests exemples mostrem molts comportaments que es donen en la pràctica i dels que nosaltres tampoc estem exemptes.

Per un costat, tenim, el pacifisme que veu el recurs a la violència com una derrota moral o bé com una demostració impotent de la poca consciència de les masses. Per altre costat, existeix la concepció del pacifisme tàctic, en aquest cas la violència és l’eina que es guarda sota els llençols per treure-la el dia en que les masses s’alcin. De manera complementària també hi ha qui defensa la pluralitat de tàctiques per desprès no saber sortir de les violentes. Finalment estan les que creuen que l’acció política només pot vehicular-se a través de la violència, confonent l’enfrontament i el conflicte amb aquesta. La violència està estigmatitzada.

Ens interessa discutir sobre l’acció violenta. Volem reflexionar sobre les seves pràctiques reals i sobre els fantasmes que desperta per fer evident i despullar-la de les mentides i il·lusions que permeten aquest estigma.

Pacifisme

El pacifisme es basa en diverses raons i arguments. Aquí assenyalem només els arguments més filosòfics, ja que les seves raons estratègiques coincideixen a grans trets amb les idees del pacifisme tàctic.

Les raons morals arrelen els seus fonaments en la difícil dicotomia de el i el mal. Bàsicament, es resumeix en la impossibilitat d’enfrontar-nos a la societat present actuant en desacord amb la idea moral de la nostra futura societat. Si assenyalem diverses formes de fer com a accions dolentes, moralment parlant, recórrer a elles seria convertir-se en les nostre enemigues. De la mateixa manera que no seria lògic lluitar per un món sense autoritat ni jerarquies amb un exèrcit, tampoc ho és utilitzar la violència per un món on el funcionament de la vida en societat es fonamentés en l’horitzontalitat, el suport mutu, el respecte i la fraternitat en lloc de la coacció, el xantatge i la força.

En aquest sentit, les pacifistes creuen que oposar-se a la violència de l’Estat mitjançant una altra violència no permet lliurar-se d’una lògica que ens atrapa en un món basat en la dominació. Reproduïm, en certa manera, la lògica de l’autoritarisme, fent prevaldre els mitjans vers els fins, el que ens porta -inevitablement- a convertir-nos en éssers capaços de fer a altres el que patim nosaltres dia a dia. Totes aquelles accions que porten a fer i a estendre el mal són dolentes. Les justificacions de l’ús del mal necessari per evitar-ne un altre de major són inacceptables ja que sempre existeixen maneres de lluitar alternatives a la violenta. Per això, les pacifistes ens diuen que és necessari oposar-se a la violència sistèmica amb les nostres pròpies formes de resistència, sempre d’acord a les nostres idees. Diuen que s’han de buscar formes pacifiques d’enfrontament per revolucionar realment la societat.

Amb aquesta posició, essencialment, creuen que la progressiva educació de la gent és la eina que permetrà sacsejar-nos de l’estat permanent de passivitat i obediència. Així, la propaganda i la difusió de les nostre idees prenen un paper central per arribar a l’organització social que permetrà l’emancipació mitjançant l’insubmissió política i econòmica. Mitjançant la persuasió racional i el contrast pràctic de les diferents idees s’arribaria al convenciment -si és que tenim raó- de la població. I mitjançant una tenacitat indestructible, pacífica, les autoritat no tindrien altre remei que cedir a la voluntat de les masses.

Totes entenem que les maneres d’actuar violentes, aquelles que imposen unes relacions socials i personals a les que les violentades no tenen la possibilitat d’escollir, fins i tot de resistir-s’hi, son abominables. Vulneren el principi de llibertat que hauria de fonamentar i regir la vida de totes. Però també es cert que dins del que s’anomena violent caben moltes maneres d’actuar i no totes expressen el mateix contingut, i per tant, no son autoritàries ni opressores de la mateixa manera.

A diferència del que diuen les pacifistes pensem que l’ús de la força és inseparable de la vida. No diem això alegrament. La natura és harmoniosa, equilibrada, etc. però també s’hi expressen les dures condicions de supervivència i les relacions que se’n deriven entre els diferents éssers vius. Això es reprodueix en inevitables xocs d’interessos que es manifesten en múltiples conflictes: cadenes alimentaries sobretot, però també control del territori i els seus recursos. No pensem que pugui existir una societat sense conflictes -de fet ni ho pensem ni ho volem- ni tampoc que es pugui construir un món amb absència de força. Sí que pensem que es poden crear les bases perquè una societat tingui el màxim de mecanismes per disminuir la violència com a mediadora dels conflictes i que existeixi la manera de fer-ne un ús d’acord amb el principi de viure en la màxima expressió de llibertat. Però no somiem amb paradisos perfectes. Això explica millor com certes formes de violència no estan renyides amb els nostres codis morals. Mai ningú hauria de deixar-se trepitjar, ni en aquesta ni en cap societat i en cas d’haver de recórrer a la violència mai serà  aquesta una contradicció moral. Potser, el que sí que expressa l’ús de la violència son els límits de la pròpia força col·lectiva i organitzativa que ens obliga a utilitzar mètodes que serien innecessaris si fóssim moltes més. La qüestió és definir clarament quins són els propis límits, les idees que comparteim i que donen els principis ètics a l’hora d’actuar.

Com les pacifistes, considerem que el canvi més profund s’ha de donar principalment a les nostres ments, educades i condicionades com estem per haver crescut en aquest mon que dia a dia s’enforteix i ens impedeix pensar en altres formes d’organitzar la vida. La propaganda, la informació, no són, no obstant, la manera per modificar la consciència que tenim del món. Si bé és cert, que la difusió de les nostres idees és, com sempre ha estat, d’allò més necessari, la pràctica de la revolta, les formes de lluita organitzada són les que tenen un efecte més profund a l’hora de fer entendre els mecanismes que operen a la realitat. Es pot patir aquest món llegint la pròpia misèria dia a dia en una octaveta però quan es pren consciència de la pròpia força, quan es participa en preses de decisions col·lectives, de l’autoafirmació com a grup, de la certesa d’una identitat que lluita per les seves pròpies necessitats s’obre davant els nostres ulls la pròpia potencialitat: el que som, el que volem i el que podem arribar a ser.  Aquest fet es donarà sempre com a oposició, com a lluita, com a guerra contra el que ens impedeix ser. Quan s’obre l’escletxa de la confrontació, quan es fa amb la tenacitat de la que vol vèncer, de la que creu en els propis projectes, la corda es tensa fins que el xoc violent és inevitable. Voler afrontar aquesta realitat des del rebuig profund a l’ús de la nostra força ens sembla poc realista.

En aquest sentit, el codi i el comportament inflexible del pacifisme només pot entendre’s com una forma religiosa de viure la política, poc lligada als assumpte terrenals i més disposada a pernoctar en el fantàstic món de les idees. Sense entrar en demagògies barates, la història ens ha demostrat com el pacifisme no pot fer res quan s’enfronta a un ordre totalment violent, com el nacionalsocialisme o l’estalinisme. També certes lluites com l’antifeixisme ens demostren que si no som capaces de defensar-nos físicament haurem de recórrer a la policia per no córrer el risc de mals majors.

En una societat com la nostra, l’ús exclusiu de la denúncia pública es mostra impotent.  No és veritat que haguem d’esperar a ser suficients sinó que per arribar a ser-ho cal posar-se a lluitar sense esperar. No és veritat que haguem de limitar-nos a la denúncia i a l’activisme que rebutja l’enfrontament sinó que amb aquest afirmes la nostra identitat i comuniquem qui som i com actuem davant d’allò pel què lluitem.

Pacifisme tàctic

El pacifisme tàctic es fonamenta en l’anàlisi de les condicions objectives i subjectives de la realitat. Segons el seu punt de vista, la majoria de gent no és contrària al sistema, sinó que pensa que viu en una societat on les llibertats són àmpliament respectades i on existeix una justícia que no funciona tan malament. Aquest fet situa a la gent que lluita contra el sistema en una minoria que ha de bregar no només amb l’Estat sinó també amb la passivitat i l’obediència dels seus iguals. Això fa que la lluita hagi d’anar dirigida contra el sistema i al mateix temps causar empatia a la resta de gent perquè comprengui i s’uneixin a la lluita. En aquest sentit, el pacifisme tàctic pensa que la gent s’identifica més amb les lluites no violentes ja que l’oposició violenta els és incomprensible donada la seva manera d’entendre la realitat. La violència és la coartada del sistema per treure credibilitat a les antagonistes, legitimar la violència estatal i afiançar l’ordre.

Segons aquestes consideracions la resistència passiva i la desobediència pacífica tenen més capacitat de fer-se entendre i al mateix temps fer visible la realitat política i social. Segons aquesta lògica la violència del sistema contra la gent pacífica hauria de generar a les ciutadanes la contradicció entre el que pensen sobre la societat democràtica i la seva realitat pràctica.

A més a més d’aquestes consideracions, se sap que la capacitat de l’Estat d’utilitzar la violència és tant superior a la nostra que la lluita violenta contra ell no té cap esperança. I això, per no citar els diferents episodis revolucionaris que han deixat clar que tant a l’extrema dreta com a l’Estat els actes de violència els pot convenir.

Davant aquestes afirmacions, nosaltres pensem que les contradiccions que expressa la democràcia difícilment seran motiu de reacció de la gent només pel fet de veure o patir la injustícia. Perquè hi hagi una resposta organitzada serà necessari prendre consciència de la situació que genera aquestes injustícies i no només veure el problema, sinó també l’origen històric i la pròpia capacitat de canviar-ho. El carrer o la televisió -tot i les disfresses- ens mostren situacions terribles d’injustícia. Però l’experiència ens demostra que la quotidianitat ens pesa de tal manera que acostuma a impedir que ens oposem a això que tan ens indigna. La reacció contra la guerra d’Iraq és un clar exemple de com un dia poden sortir un milió de persones al carrer i, al dia següent, tornar a la feina, i que l’economia -benzineres, ports comercials, empreses i els seus productes, etc.-, sent la causa principal de la guerra, no quedi afectada en el més mínim. A més a més, posem en dubte l’empatia de la «població» amb l’activitat política no violenta, amb aquesta solidaritat amb les que pateixen la violència democràtica sense que la seva activitat doni raons a la violència policial. És cert que algunes formes de violència provoquen un rebuig clar a moltes persones però no ho és tant que aquestes rebutgin qualsevol ús de la força. Constatar que la societat condemna l’acció violenta i no la desobediència pacífica pensem que més aviat és degut a assumir el discurs dels mitjans de comunicació que d’una opinió contrastada a peu de carrer. Les estadístiques i els titulars periodístics existeixen per afiançar l’opinió expressada des del Poder. I ja que moltes vegades es parla de la incapacitat comunicativa que generen les nostres accions, llancem la següent pregunta: a les treballadores que els hi incomoda més? Llevar-se al matí i trobar-se els caixers i les immobiliàries del seu carrer amb els vidres trencats o un tall de carrer que els fa arribar tard a la feina? A vegades les accions han de cenyir-se al què pensaran però en altres casos podem tenir objectius diferents.

Davant el fet de facilitar que es generi una opinió contra nosaltres, hem d’assumir que el Poder sempre intentarà estendre qualsevol imatge que ens perjudiqui, ja sigui titllant-nos de terroristes fanàtiques, d’utòpiques romàniques, de simpàtiques descontentes preocupades per les nenes xineses o d’ecologistes que volen salvar pingüins. Res d’això ens afavoreix en cap sentit. Res d’això provoca un apropament de les veïnes en les condicions que ens interessa. I això no significa que no ens preocupi el que diran i que no haguem de fer servir els mecanismes adequats per dir què volem.

Com les pacifistes, pensem que les que confonen la guerra social amb l’enfrontament militar s’equivoquen totalment. Per descomptat que això no es tracta d’una batalla militar, de dos exèrcits enfrontats, i mai es tractarà d’això, i en tot cas òbviament la guerra estaria perduda. Si fos així, gran part de la societat es quedaria mirant la batalla com a meres espectadores. Però davant d’aquesta crítica, assumim que la violència no és tant sols l’avalot o el sabotatge, és allò que comunica. «Cuando uno de sus mayores logros y triunfos es expresar precisamente esa falta de enfrentamiento, ese consentimiento implícito en el actuar cotidiano, evidenciar el conflicto, expresar el descontento niega una de las premisas de la democracia, que es ese consentimiento». La democràcia permet l’expressió de les diferents maneres de pensar, permet la seva existència a condició que no alterin la normalitat, per tant, un moviment que no s’expressa com a enemic, sempre serà tolerat. La possibilitat de l’actuar violent ens dóna una identitat que sobrepassa els límits amb els quals se’ns tolera. El mal infligit a la propietat, a la mercaderia no són tan sols opcions tàctiques de l’enfrontament, sinó que ens declara enemigues i no meres opositores polítiques.

Així, tot i que altres vegades, com a audaces estrategues, som capaces de veure les trames darrera dels diferents episodis de violència sembla ser que no som tan capaces de visualitzar la capacitat estratègica que té pel Poder els seus anhels de negociació i diàleg. La democràcia viu del consens, promou enteses -de fet aquesta és la seva premissa fonamental- i la pau social és la seva estratègia. Un dels factors claus del sistema democràtic és el consens i aquest s’articula amb la negació del conflicte, amb l’ «aquí no passa res, i si passa que no alteri la normalitat». El sistema ofereix centenars de maneres perquè el malestar social es canalitzi a través de diverses propostes i voluntats, la condició és sempre la mateixa: que res canvii. És a dir, que l’Estat pot arribar a utilitzar tant la violència i la guerra com el diàleg i la pau per refermar l’ordre.

És la profundització i l’extensió de la lluita el que comporta repressió. Això és quelcom que qualsevol tot moviment seriós hauria d’assumir. Qualsevol que alteri o intenti destruir les relacions socials existents posant en perill l’actual sistema polític, social i econòmic, patirà la repressió. Un cop assumit això, per no facilitar la tasca ofensiva, repressiva i d’afiançament de l’ordre, és extremadament necessari observar quina és l’estratègia del Poder, quins són els seus passos. Si la seva propaganda ens està demanant a crits que provoquem aldarulls per justificar una campanya contra algun col·lectiu, no fa falta regalar-los el titular. Però tampoc podem acovardir-nos pensant que no hi ha res que s’escapi del seu control i davant d’això un sabotatge ens torna el coratge que el Poder ens treu dia a dia. Amb la violència sabem que les conseqüències poden arribar a ser dramàtiques, però entenem que és una necessitat per trencar l’immobilisme de pau social en el que ens va tancar l’Estat. La repressió és inherent al conflicte i atribuir una violència estatal a una violència antagònica és una visió massa superficial per entendre la dinàmica repressiva. L’important és que cada una de nosaltres fem el que siguem capaces d’assumir, aquesta és la nostra responsabilitat per evitar que s’esquerdi la nostra integritat i força col·lectiva en rumors i dinàmiques autodestructives.

Mitificació de la violència

Com a supòsit contrari al pacifisme, tenim el plantejament que defensa l’acció violenta com la més radical de les pràctiques. Aquest  plantejament es basa en una sèrie de confusions de base. Encara que pensem que l’ús de la violència és necessari per aconseguir un procés revolucionari, per si mateix és insuficient si no ve complementat amb altres tàctiques.

A l’hora d’actuar escollim entre diferents mitjans per aconseguir els nostres objectius. Que no vulguem separar els mitjans dels fins no vol dir que no hem de diferenciar-los sinó que no volem utilitzar mitjans que es contradiguin amb els valors i pràctiques que volem aconseguir. Seguint aquesta lògica, el no formar partits polítics ni sindicats, per exemple, no ve per creure que siguin uns venuts o que no puguin fer res en un context com l’actual, sinó perquè reprodueixen en el seu funcionament el tipus de societat que volem combatre: la separació entre activa/passiva, dirigents/dirigides, etc.

Quan confonem les tàctiques amb els objectius, els mitjans amb els fins, s’acaben donat situacions en les que els simple ús de la violència o la pròpia pràctica de la il·legalitat són un bé en si mateix independentment del motiu, del context, de qui l’exerceixi i contra què o qui. D’aquesta manera, s’acaba valorant igual uns avalots en una manifestació, una bomba d’ETA, la crema de cotxes en un suburbi francès o les celebracions futbolístiques. Encara que aquest posicionament tingui part de raó, la seva feblesa intel·lectual les converteix en un calaix de sastre que pot acabar per justificar qualsevol bajanada.

Entenem que segons els mitjans que utilitzem donem informació sobre què volem o no volem, és a dir, s’obre els objectius als que aspirem. Així, per exemple, la càrrega simbòlica d’uns disturbis al carrer pot superar el que podem transmetre amb un sabotatge nocturn. Igualment, la simple irrupció violenta, sigui de la forma que sigui, demostra que la suposada pau social no existeix. De fet, és igual la manera, és igual el perquè: una explosió en un vagó de metro, apedregar a la policia, baralles a la sortida de la discoteca, caixers cremats, suïcidis; hi ha alguna cosa que no funciona a la societat quan no tot és tan bonic com ens volen fer creure. Encara que això sigui cert, no en tenim prou, ja que pot ser contraproduent amb els objectius que també estiguem buscant en aquest moment.

Aquí és on veiem un dels problemes més gran que tenim a les nostres pràctiques. Cada activitat que fem, cada acció que realitzem pot pretendre aconseguir objectius diferents o inclús poden ser parcialment contradictoris entre ells. Al mateix temps, poden partir de necessitats a curt plaç o prolongar-se en el temps. Si es té en compte i s’estableix un equilibri entre mitjans i fins es determinarà, en gran part, el nostre avanç com a  potencial moviment.

Així, veiem que encara que la utilització de mètodes violents mostri una ruptura amb el consens existent, segons els objectius que tinguem, aquesta manera d’actuar pot ser contradictòria o, fins i tot, contraproduent.

Amb aquesta confusió fonamental, ens trobem també aquella que planteja que com més destructiva sigui una acció, en termes materials, més radical serà. Però tornem a equivocar-nos si pensem que per voler destruir aquesta societat hi ha prou amb destruir la seva part física. La revolució s’ha d’entendre d’una manera social, no militar, ja que contra allò que combatem és contra una forma concreta de relacions socials i no només contra les infraestructures i les persones que les fan evidents. Al confondre la part amb el tot fem impossible la superació d’aquesta situació, a l’hora que correm el risc de caure en una concepció militarista que ens allunyaria dels nostres fins hipotecant els nostres mitjans. Si el nostre actuar es basa ens supòsits individualistes, actuant així degeneraríem en pensar que la guerra social és una venjança entre els diferents indivídus i l’Estat-Capital, amb la conseqüent derrota. Si el nostre actuar fos més col·lectiu, derivaríem capa a la lluita armada entesa com la professionalització en l’ús de la violència, per part d’unes poques, separant-ne la resta o, encara pitjor, com a la seva representació.

Aquest prejudicis ideològics marquen els límits d’una pràctica que podria ser molt més rica. És a dir, si suposadament podem utilitzar un ampli ventall de possibilitats, per què limitar-nos només a aquelles que impliquin violència? No és depreciar part del nostre arsenal?

Una pràctica automutilada com aquesta només és pot mantenir mitjançant quimeres ideològiques. La falta d’una conflictivitat real als carrers és substituïda per una successió d’actes de sabotatge. No és que aquests en si mateixos no siguin necessaris però podrien ser més una demostració de la nostra impotència que de la nostra potència. Un bon exemple serien aquelles cronologies d’accions que fa uns anys omplien diferents fanzines i pàgines web. Aquesta difusió d’accions generava una falsa idea de força que mesurava l’èxit de les nostres lluites en la quantitat d’accions que succeïen. Però no és la quantitat d’accions allò que determina la seva radicalitat sinó la qualitat, és a dir, la seva capacitat d’incidir en la base de les relacions socials actuals impedint la seva reproducció.

Aquest pensament quantitatiu sovint és complementat amb l’imaginari espectacular d’allò destructiu sobre allò eficaç. O el que vindria a ser el mateix, s’arriba en un punt tan absurd que en una acció  «la técnica no acompaña a la inteligencia sino que la sustituye, y así uno no se para a pensar un momento si el medio se adapta al objetivo que se busca». És a dir, volem trencar, cremar o fer explotar quelcom i encara que no sapiguem què, sabem que això serà més radical que qualsevol altra cosa. Dins d’aquesta lògica es passa per alt que si es pretén fer el més mal possible, no és la potencialitat destructiva d’un mitjà el que ens interessa sinó l’ús intel·ligent que en fem. Dit d’una altra manera, els mateixos danys que poden produir els artefactes explosius es podrien provocar a cops de martell? Què produeix més pèrdues, la carcassa cremada d’un caixer o la maquinària interna del mateix banyada amb Coca-Cola?

Allò espectacular d’aquest tipus d’accions xoca de ple amb l’essència de l’acció directa. Aquesta se sol entendre com el fet de resoldre per una mateixa els problemes que se li plantegen sense delegar-lo a altres persones. Però també implica que els tipus d’acció que fem serveixi per solucionar directament el problema. És a dir, si volem evitar que un grup de feixistes es manifestin, ocupar físicament l’espai del seu recorregut seria una acció directa. Recórrer a la Delegació del Govern perquè no els legalitzi la manifestació, evidentment que no. Aquest és un exemple senzill, però sovint no està tan clar. Quant s’acaba creien que «com més violent més radical», també és creu que més obvia serà l’etiqueta d’acció directa. Però si volem complir amb les condicions que es necessiten perquè una acció sigui definida com a tal, necessitem parar-nos a pensar. Si una acció la fem nosaltres sense que nungú medïi i té una relació directa amb el problema, aleshores és una acció directa. Però si no es compleix alguna d’aquestes condicions, normalment la segona, estarem parlant d’una acció indirecta. No ens entretindrem en aquelles accions indirectes produïdes per la mediació de terceres, doncs és més fàcil que es vegi la crítica a aquestes, sobretot si ens estem referint a la gent que apostem per l’autorganització. El que ens interessa sobretot és parlar d’aquelles accions indirectes que se solen confondre per les directes degut a la violència que s’hagi pogut utilitzar.

Una acció no pot ser avaluada en abstracte. Com hem comentat abans, tota pràctica porta implícita una informació sobre les seves possibles causes i objectius. Però degut a la complexitat de la societat i, sobretot, si vol superar-la, aquest tipus d’anàlisis simples no ens serveixen. Pensem que s’ha de veure cada acció en el seu context i després posar-nos a parlar. En aquesta línia, valorar si trencar uns vidres, atacar a la policia o l’amenaça a un jutge són accions directes o indirectes no té cap tipus de sentit. A mode d’exemple, anem a desenvolupar-ho per poder explicar-nos millor. L’acció concreta de trencar uns vidres, segons el context en el qual s’inscrigui, pot ser qualificada de directa o indirecta. En el primer cas podem recordar la companya de suport a Sergio L.D. En ella es pretenia que mitjançant la pressió a les diferents parts de l’acusació particular aquestes retiressin la denúncia. Amb vàries d’elles va resultar. En aquest cas veiem que atacar a aquestes empreses tenia una relació directa amb l’objectiu a aconseguir. En el cas contrari, si tenim la intenció d’aturar un projecte urbanístic a base de trencar el vidres de la seu del Districte que vol portar-lo a terme, evidentment la relació directa no es dona i ens trobaríem amb una acció indirecta. Si ens hem estés en clarificar què és i què no és un acció directa és per certes valoracions que es donen a la hora de parlar d’accions. Per un costat, aquestes poden ser accions indirectes encara que no es defineixin com a tal. Per l’altre, perquè aquestes accions indirectes en realitat són accions simbòliques. Aquest terme pot resultar una mica molest ja que es tendeix a associar que les accions simbòliques són reformistes. No serà que les diferents ideologies fan que confonguem la realitat segons certs prejudicis? Les accions simbòliques no s’han de rebutjar en abstracte sinó que també s’han de valorar en el seu context. Una acció simbòlica actua, com el seu nom indica, contra un símbol, és a dir, batalla en el mon de les idees. Quan en una manifestació s’ataquen certs llocs, no sol ser tant pel dany a realitzar sinó pel fet d’assenyalar aquests llocs, i no altres, com a símbols de l’enemic. Veiem així que aquest tipus d’accions són una forma més de fer difusió de les nostres idees. En si mateixes, no són accions a descartar, el problema és que certs anàlisis com el de la mitificació de violència acaben dividint i jerarquitzant les nostres pràctiques en funció de si es pensa que són simbòliques o no.

Finalment, veiem que tota aquesta serie de confusions s’articulen de la següent manera: una acció violenta és més radical que una que no ho és; aquelles que siguin més destructives seran més radicals que les que no, amb l’excepció tècnica de l’explosiu que es prioritzarà per davant de la resta. Allò violent d’una acció prima sobre els objectius a complir ja que en si mateix aquest actuar ja és radical.

A la pràctica, aquest tipus de plantejaments acaben sent l’altra cara de la moneda del pacifisme. La mitificació de la violència complementa l’oposició absoluta per part de les pacifistes, convertint tota possibilitat d’acció en una varietat limitada de tàctiques que tenen més a veure amb els prejudicis propis d’aquestes ideologies que amb la voluntat real d’aconseguir quelcom. Per tant, no podem deixar d’insistir en un ús crític de les diverses tàctiques del nostre abast, i d’entre elles, per suposat, la violència.

Violentisme tàctic

La mitificació de la violència, de la forma descrita anteriorment, no deixa de ser una postura extrema que se sol donar en poques ocasions. En realitat, la postura que defensa un violentisme tàctic és la més abundant en els nostres ambients. Dins d’aquelles que veuen l’ús de la violència com una eina legítima i necessària ens trobem amb les mateixes conseqüències que en el pacifisme tàctic;:defensar la pluralitat de tàctiques per justificar després el propi estancament a la pràctica. Són moltes les vegades en les que ens trobem amb el mateix quadre: podem dir cent cops en veu alta que no hi ha tàctiques superiors a altres, però després recórrer en el moment de l’acció només a aquelles que comporten certes dosis de violència.

Si hem volgut mostrar aquesta postura, encara que sigui amb poques línies, és perquè no volem que la gent llegeixi aquest text i no reflexioni sobra la manera que aquesta crítica també està dirigida contra nosaltres. La majoria de gent del nostre entorn polític més proper patim de falta d’originalitat en les nostres accions. Reproduim en la pràctica una realitat pobre en la que ens veiem, la majoria de cops, com a professionals de l’ús de la violència. Per un costat, perquè dins de processos més amplis som les que realitzarem el treball brut. Per l’altre costat, perquè no se’ns acudeixen maneres diferents d’enfrontar la realitat que les ja acostumades i violentes abans mencionades.

Des del prisma de l’estratègia

Com hem vist, intentar analitzar l’ús de la violència com un concepte aïllat no té cap sentit. Parlar de qualsevol aspecte de la nostra existència passa inevitablement, per parlar d’allò amb el que es relaciona. Així ens veiem amb la necessitat de plantejar l’obvia relació entre tàctiques i objectius, la possible contradicció entre aquests o inclús entre els diferents objectius que tinguem. Però hem vist que també implica parlar de les diferents maneres de situar-nos en el nostre entorn, és a dir, quan diem «nosaltres» a qui ens estem referint? Quina relació establim entre la gent polititzada i la no polititzada? Què volem aconseguir amb la nostra lluita? Qui realitzarà la revolució? Hi ha un «qui»? Poden semblar preguntes fora de lloc, però segons com les responguem podem entendre força coses sobre les diferents maneres d’encarar la violència.

Suposem que simplement volem millorar la societat en la que vivim i entenem que, amb totes les seves pegues, la democràcia és el sistema polític a defensar. Si és així, evidentment, no hi té lloc l’ús de la violència per nosaltres. És més, com a ciutadanes compromeses necessitem convèncer a les nostres governants per a que canviïn la seva mala manera de procedir, ja sigui via els nostres arguments o via la pressió pública. Aquesta pressió vindrà també per aquesta mateixa conscienciació que haurem realitzat sobre l’opinió pública que, al descobrir les injustícies que fins aleshores desconeixien, es posicionaran per la nostra justa causa. Si és així com entenem el món, el pacifisme com a ideologia i les vies d’integració seran el nostre camí. No fa falta dir que ens sentim molt allunyades d’aquests plantejaments. No és una qüestió d’utilitzar tàctiques diferents, sinó que la pròpia manera d’analitzar la realitat ja fa que estiguem lluitant per objectius  oposats. Millorar la nostra realitat, pintar de rosa les parets de la nostra presó, és una altra forma de perpetuar l’agonia que patim.

En canvi, si s’assenyala el capitalisme com a l’eix que marca les nostres relacions socials, el patriarcat com la dominació que les travessa i l’Estat com l’estructura que les manté, si és d’això del que estem parlant, aleshores estem dient el mateix. Potser utilitzem tàctiques diferents segons com entenem la manera d’enfrontar-lo. En aquest grup ampli en el qual ens incloem, també pensem que hi ha la majoria de gent que sol assumir el pacifisme tàctic i aquelles que aposten per la violència com la més radical de les accions. Segons la manera que tinguem de polir els diferents plantejaments abans criticats, veurem de quina manera podrem unir els esforços en una causa comú.

Perquè això sigui possible, necessitem parar-nos a pensar i deixar d’actuar des de la inèrcia i els pressupòsits de les diferents ideologies. Veure fins a quin punt les nostres pràctiques i els discursos que les mantenen són argumentacions sòlides o justificacions de frustració i impotència més profundes.

Hem d’analitzar aquelles postures que sempre eludeixen l’actuar violent, que es refugien en un anàlisis de la conjuntura desfavorable, en «l’ara no és el moment». Són postures còmodes que no rebutgen la violència en sí, però la neguen en tots els moments possibles. La podem trobar en tots els àmbits i en qualsevol lloc, des d’assemblees a manifestacions i sempre seguirà, més o menys, el mateix guió. És un pacifisme disfressat, moltes vegades inconscient, construït sobre les pors i les aprehensions subjectives. Perquè parlar de violència és parlar també d’emocions, de pors i de dubtes. En el fons, no és més que un bloqueig que salta de l’aspecte personal al col·lectiu.

El treball col·lectiu permet superar aquestes situacions, però sempre partint de premisses acceptades per totes. Hem d’assumir que, en abstracte, tenim una infinitat d’accions vàlides, que cap d’elles té més força o legitimitat sobre les altres i que des de la racionalitat hem i podem adaptar els mitjans als nostres objectius. Donar a la violència el sentit adequat, ni més ni menys que a altres pràctiques, ens permet sorprendre i colpejar com no s’ho esperen.

En cada moment i en cada lloc, segons els objectius que tinguem escollirem els mitjans adequats per aconseguir-los. I segurament, serà en combinació de varis, ja que «la Revuelta necesita de todo: diarios y libros, armas y explosivos, reflexiones y blasfemias, venenos, puñales y incendios. El único problema es cómo mezclarlos»

Però malgrat aquesta defensa d’un ús intel·ligent i eficaç de les eines que tenim al nostre abast, volem rompre una llança per l’ús de la violència. I és que en aquesta ciutat que habitem, la realitat social està cada vegada més pacificada. En aquest procés de neutralització de la contestació també entrem nosaltres, l’entorn antiautoritari i anticapitalista. A mesura que passa el temps som conscients que el límit que marca el caràcter de les nostres pràctiques és cada cop més estret. No és un procés col·lectivament meditat, sinó inconscientment assumit.

Per un costat, tenim els prejudicis de pensar que els mètodes violents sempre seran més radicals que els altres. Pitjor encara, que només sabrem utilitzar aquests perquè són als que ens hem acostumat i professionalitzat. A un nivell col·lectiu, cada vegada costa més assumir situacions i moments de tensió, fent que escollim evitar-les. Aquesta fugida cap a allò segur es manifesta, per exemple, en manifestacions rodejades, dirigides o desconvocades pels mossos en lloc d’aquella digna pràctica de fa una dècada en la que cada manifestació que la policia volia controlar tenia com a resposta un sa disturbi.

Un dels reptes més gran d’aquest debat que volem començar aquí posa de relleu les nostres pròpies dinàmiques: serem capaces d’abandonar els nostres rols de guerreres? D’estar al matí fent teatre al carrer, al migdia ocupar l’ajuntament amb les àvies i a la nit lliurar-nos al saqueig i a la destrucció? Seremm capaces de no deixar-nos tancar en postures ideològiques que dicten les nostres estratègies i condicionen les nostres tàctiques?

Pot semblar molt obvi tot el que s’ha parlat i, de fet, en el moment de teixir aquest text ens preocupa que ningú se senti realment identificada amb les crítiques. Com varem dir al principi, hem fet un esbós de certes postures que no tenen perquè assemblar-se en la seva totalitat a la realitat. De fet, no ens interessa tant la gent que sí que s’identifica amb les postures criticades sinó amb totes aquelles que en la pràctica estem enquadrades amb aquestes encara que no siguem conscients. És a dir, aquelles que sense oposar-nos públicament a la violència evitem la seva realització en tot moment i lloc; aquelles que veient la necessitat d’utilitzar vàries tàctiques no sabem sortir del típic sabotatge violent; aquelles que deixem d’utilitzar la violència perquè pensem que si no no tindrem suport popular; aquelles que encara que veient-ho necessari ens sentim ridícules repartint octavetes.

Serem capaces de perdre-li la por a la violència sense acabar alabant-la? Serem capaces de reflexionar sobre la violència sense arribar a justificar la impotència de la passivitat? Serem capaces de deixar de preguntar-nos violència sí/violència no per començar a preguntar-nos violència quan i com?



En este apartados podéis ver textos que cirben para el debate “Com trencar el tabu”

Son libres aportanciones de diferente gente. Y no textos  representativos de esta subcomisión.

DEBATE SOBRE “COM TRENCAR EL TABU”  SE REALIZARA EL DOMINGO   05.06. A LAS 16 H.  en frente de  la  paradeta de autoorganización.

 


AQUEST ÉS UN TEXT QUE ANIMA A REFLEXIONAR I A OBRIR EL DEBAT SOBRE LES AUTODEFENSES-VIOLÈNCIES-PACIFISMES D’UNA MANERA CRÍTICA, CONTEXTUALITZADA I NO DOGMÀTICA. 

Som conscients que, d’una banda, caldria revisar les repeticions al llarg del text, ordenar-lo… i d’altra banda, que caldria desenvolupar altres aspectes amb més profunditat. Hem fet aquest text molt ràpidament, per tant, ens han quedat moltes idees al tinter que no podrem exposar pel moment. Una de les feines pendents és posar exemples (ho farem en un futur proper). També dir que està pendent fer una repassada a la coherència conceptual i/o cura del llenguatge. Situeu el text com una proposta inacabada i parcial per treure el debat a la llum. Per a situar la reflexió d’una manera útil, hem intentat pensar en quines actituds ens poden incomodar a ‘la plaça’, amb l’objectiu d’intentar abordar-ho juntes, o almenys, el més juntes possible, i d’intentar reflexionar en relació a una mínima perspectiva de mig termini. 

1. QUE ENS INCOMODA?: ALGUNS TÒPICS RECURRENTS DEL PACIFISME ACRÍTIC, DESCONTEXTUALITZAT, I IMPOSITIU

– Violència és violència i no importa de qui vingui

– Són polis infiltrats provocant

– Amb violència perdem legitimitat

– Amb violència els dones motius perquè ens reprimeixin

– Amb violència ens rebaixem al mateix nivell

– La mínima excusa els serveix, ETC…

2. REFLEXIONEM CRÍTICAMENT SOBRE  LA IMPOSICIÓ HOMOGENEÏTZADORA I EXCLOENT DEL PACIFISME ACRÍTIC

– Tot tema té les seves contradiccions i ha de ser susceptible de ser debatut sense apriorismes ni prejudicis ni estigmes. No ens sentim còmodes amb com s’ha descartat d’entrada i per imposició aquest debat. Sabem que hi ha molt diverses postures i sensibilitats vers el tema, i sabem que és un tema que aixeca ‘ampolles’ de totes bandes. Per això considerem imprescindible afrontar el debat de manera madura, argumentada i constructiva, obrint espais de reflexió des del respecte mutu. Per davant de tot, no s’hauria de reduir el debat a una lògica binària de ‘bonxs i dolentxs’. Això és el que els interessa… Cal afrontar-ho juntes, o el més juntes possible.

– Reflexionem sobre les diferents cares de la violència. Hi ha moltes maneres de violentar i de ser violentades. Explícita o implícitament, sistèmica o autodefensivament, física o simbòlicament… La violència, com a fenomen general, podríem prendre-la com una relació en la qual la voluntat d’un subjecte és forçada per un altre.

– Hi ha tipus de violència que consisteixen en forçar, no físicament, a un individu o col.lectiu social a fer o pensar determinada cosa en contra de la seva voluntat: serien el cas de la violència simbòlica i mediàtica, que ens veiem obligadxs a suportar a través dels mitjans de comunicació i la publicitat, l’educació… També hi ha concepcions opressores (i per tant, violentes) que han abandonat el seu substrat físic per interioritzar-se en la nostra manera d’actuar (el que és coneix com el ‘nostre poli interior’). Evidentement, aquest ‘perfeccionament’ de la violència sistèmica que ‘no deixa marques’ conviu i es retroalimenta de les institucions que exerceixen i han exercit tradicionalment la violència física amb la que el sistema perpetua i defensa els seus privilegis, com ara la policia, els exèrcits, les presons, els centres d’internament per estrangerxs, els centres de menors…

– Qui ostenta el monopoli de la violència? D’on prové i quines implicacions té la violència sistèmica/estructural/sistemàtica? Qui divideix les lluites en última instància? Reflexionem i assenyalem: com es manifesta la violència estructural, com l’hem naturalitzat, quines sortides se’ns ocorren per intentar canviar aquesta situació. No oblidem: quan les que sempre rebem la violència ens defensem a través de la força (que pot interpretar-se com a violència) és perquè partim d’un sistema que ens violenta estructural, sistemàtica, naturalitzada i quotidianament. Partim d’una situació desigual. Llavors, plantegem-nos qui genera realment la divisió dins les lluites? A qui li interessa que es polaritzi la lluita entre la típica i irritant divisió entre ‘violentxs’ i ‘no violentxs’? No ens definim com a violentes o pacífiques, siguem imprevisibles, analitzem les circumstàncies, intentem partir de les nostres necessitats.

– El sistema, al mateix temps que planteja la repressió policial, el militarisme, les guerres… i en general, la violència com a solució a tots els problemes, condemna l’ús de la violència quan aquesta no està dirigida des de l’estat. En les discussions sobre els mètodes de lluita, el moviment hauria d’elaborar les seves pròpies categories i no plantejar la lluita acceptant d’entrada les concepcions del sistema que ens oprimeix. Pel sistema, la ‘violència’ són aquells actes amenaçadors per al seu poder perquè no els pot controlar (que no sempre tenen per què ser especialment ‘violents’). Pel sistema, la ‘pau’ és l’aplicació de la seva violència, o la vigència i perpetuació del seu ordre violent, és a dir violència, submissió i inestabilitat en la vida de lxs oprimidxs.

– Les estratègies pacífiques acrítiques no són sempre les més adequades. Les circumstàncies són dinàmiques i canviants, les estratègies també ho han de ser. La idoneïtat de tota estratègia (des de resistència pacifica a autodefensa, si s’escau, violenta) dependrà de les circumstàncies. Nosaltres no som violentes acríticament, ni volem imposar la violència com a estratègia única. Però tampoc volem que ens imposin autoritàriament cap estratègia pacífica, i ni molt menys, com a estratègia única i atemporal. Volem decidir-ho col·lectivament segons les circumstàncies.

– Segons el context, considerem que ambdues estratègies poden arribar a ser complementàries. Però també trobem que, a vegades, se’ns fa difícil traçar la línia entre les estratègies pacífiques i les violentes. I la majoria de vegades, és una pèrdua de temps intentar homogeneïtzar i classificar la lluita en ambdós grups. Per exemple, i com a resultat d’això, pensem que el purisme pacifista, davant el dubte, no permet ni intervenir en una pancarta (exemple de la pancarta de Hiunday divendres 20-M), és a dir, millor no permetre ‘res’ que pugui generar algun dubte classificatori, no fos cas que ens confonguessin per ‘violentxs’. Qui traça la línia? Qui s’auto-erigeix com a jutge? Preguntem-nos si aquestes ‘decisions’ de linxament a les estratègies més ‘radicals’ són fruit d’un debat col·lectiu, crític i reflexionat? O si són més aviat una imposició de certs ‘sectors’, tant autoritaris i intolerants vers les companyes que pensen diferent, com obedients vers el sistema…

– Arguments com ‘la mínima excusa els serveix’: aquest argument és un símptoma de que sabem que la violència estructural està aquí i ara, contínuament, a la que salta, que aprofitarà el mínim motiu. També hauríem de saber que ni tant sols necessita motius. Això és el més important: no necessita motius. Per tant, arguments com ‘amb violència els dones motius perquè ens reprimeixin, perquè ens violentin…’ perden sentit si analitzem la situació global. Perquè centrar el debat en aquests termes tan limitats doncs? Ens agrediran igualment, d’una manera o altra. Almenys, defensem-nos. Per tot això, trobem que la nostra estratègia hauria de partir dels nostres motius, no dels seus, i això serà canviant segons les circumstàncies. I ara les circumstàncies ens fan fortes.  Com a mínim, seria útil reflexionar sobre si és possible traçar una  línia que separi ‘la mínima excusa’, és a dir, els pacífics inamovibles fins on trobaríeu ‘òptim’ que siguem obedients? fins on trobaríeu ‘adequat’ que ens humiliéssim? Qui i on traça la línia? Els dogmàtics de la no violència, què entenen per no violència? Trobeu violentes les vostres actituds autoritàries imposant la vostra visió de les coses? Fora bo reflexionar sobre això.

– Potser emprar la paraula ‘autodefensa’ pot aclarir les coses, empènyer a la reflexió i transformar els esquemes prefixats de qui pensa que el pacifisme és la única via. L’autodefensa s’empra quan les circumstàncies ens ho demanen, no és una violència sistemàtica i estructural com la del poder, sinó que sol ser circumstancial, per sortir d’una situació de submissió/opressió (aclariment: en aquest text no entrarem a reflexionar en les formes d’autodefensa organitzades de manera permanent). També podríem afegir que el pacifisme sistemàtic és un tipus de violència subtil perquè ens obliga a aguantar humiliacions i abusos. No oblidem que hi ha moltes maneres de violentar i ser violentades. No oblidem que les estratègies pacifistes al llarg de la història també han comportat i perpetuat violències.

– Cal entendre les circumstàncies, lxs protagonistes i sobretot la nostra memòria històrica. Recordem que la majoria de les lluites que ens precedeixen i que van aconseguir canvis, encara que siguin parcials, no van descartar l’estratègia de la violència exercida en legítima defensa. En perspectiva històrica, trobem legítim aquest ús de la violència, cert? I que potser tenim algun motiu per pensar que les coses han canviat molt, i que ja no ho trobaríem legítim? Les coses han empitjorat. Per defensar-nos de la violència del sistema en el moment històric actual (amb la radicalització de les retallades, la misèria, l’opressió…) potser hem de deixar la innocència i docilitat que ens ha imposat el sistema i reflexionar realista i sincerament si ho aconseguirem només per la via pacífica. La història ens diu el contrari. Qui pensa encara que convencerem pacíficament al sistema de que està equivocat de les seves idees? És un fet que, el sistema capitalista, racista, heteropatriarcal… en veure’s amenaçat, respondrà de la manera més violenta. Qui pot posar això en dubte?

– Nosaltres no trobem el més primordial criticar les experiències de canvi social per vies que han acceptat i intentat explotar el marc de la legalitat imposada pel sistema. Tot i que probablement, la nostra postura dependria de les diferents circumstàncies. Fins i tot, segons el context i la situació ens podrien semblar útils, i fins i tot necessàries (evidentment, només per algunxs): a vegades les reformes del sistema han portat millores per a algunes ‘amb sort’, no per a totxs. Però almenys, siguem sinceres amb nosaltres mateixes, i assumim que aquestes vies rarament amenacen al sistema i les seves estructures centrals d’opressió. I que, a canvi d’algunes reformes que milloraran la vida d’algunes privilegiades, moltxs altres continuaran oprimidxs. I que això no té perquè ser inamovible en el temps i l’espai: un dia podem estar a la cresta de l’onada, i l’altre menjar-nos els mocs. Millor lluita avui per tu mateixa i per totes, o potser demà ja ningú podrà lluitar amb tu.

– D’altra banda, i també en perspectiva històrica, trobem important comentar que, gairebé sempre, lxs oprimidxs han intentat primerament traçar estratègies pacífiques de lluita, però en un moment o altre, s’han acabat esgotant totes les perspectives de solució pacífica al problema de l’opressió, i evidentment, han optat per la violència. I això hauria de deixar de ser un tema tabú. D’altra banda, pel que fa als seus resultats, les estratègies violentes sovint han aconseguit amenaçar el poder de lxs opressorxs. Les estratègies pacífiques, moltes vegades han acabat cooptades, assimilades i incloses dins el sistema de dominació imperant, a canvi de reformes a mode de caritat.

– Per tant, trobem que és ben legítim no excloure l’estratègia de l’autodefensa (si s’escau violenta), almenys, quan ja s’hagin esgotat les altres vies (resistència/desobediència activa, insubmissió, boicots simbòlics/econòmics…). També trobem necessari explicitar que davant una estratègia d’autodefensa contra una opressió, tan legítima és la violència impulsiva (sense cap pla establert prèviament, per que explotes, per la desesperació, perquè no pots més…) com la instrumental (amb una estratègia concreta). Trobem inevitable, natural i fins i tot saludable la primera, trobem necessària i empoderadora la segona.

– El pacifisme inamovible i intransigent pot arribar a ser una estratègia molt violenta, incentivant/imposant actituds submises, obedients, dòcils, i perpetuant la por… Estem segures que hem perdut la por? És completament natural tenir por. Nosaltres tenim por a la repressió. Qui no en té? Però almenys en podem parlar, no? No volem invisibilitzar la violència estructural (estatal , policial, militar, judicial, política, laboral, econòmica, social, cultural, heteropatriarcal, feixista, racista, simbòlica…) ni tampoc mirar cap a una altra banda o relativitzar-la o justificar-la o aguantar-la. Volem assenyalar-la, volem desobeir-la, volem tombar-la.

– És molt fàcil aplaudir que les revoltes llunyanes no descartin les estratègies violentes. També és molt còmode per qui s’ho pot permetre, per qui encara té privilegis… relativitzar o minimitzar el que passa aquí ‘en comparació’ al que passa allà. Parlar de que en altres llocs  llunyans viuen dictadures, guerres, corrupció… i que, per tant, entenem o trobem més justificable la violència de les oprimidxs. Però hi ha moltes formes de dictadura, guerres… Unes dictadures són explícites i brutals, d’altres són encobertes i brutals. Perquè l’autodefensa exercida per les oprimidxs, incloent estratègies violentes (o el que és el mateix, l’ús de la força per enfrontar-nos a coses o persones o símbols… que ens oprimeixen violentament de manera sistemàtica), si succeeix a altres llocs ens hi solidaritzem, fins i tot ens semblen empoderadores, ens generen esperança… I d’altra banda, ens costa tant assumir-ho a casa nostra? Pot provenir de la nostra por a ser els subjectes polítics que lluitin fins a les últimes conseqüències? Nosaltres també tenim por. Però aquesta por no ha de ser motiu per eludir i soterrar el debat. També pensem que els diferents ‘col·lectius socials’ patim diferents i diverses opressions, unxs més, altres menys, existim en contextos diversos que ens afecten de maneres diferents. Però cada cop som més les que toquem la repressió, la precarietat, i en general la violència multidimensional del sistema… i això també ens pot anar apropant, comprenent… El que és més novedós per a uns col·lectius, potser no ho és tant per uns altres. No passa res. Intentem entendre’ns, reflexionem, intentem ser empàtiques.

– Totes hem de poder debatre quines estratègies i accions volem assumir o no entre totes, de què tenim por, què ens permeten les nostres diverses circumstàncies vitals, i de quines capacitats i carències partim. Som diverses i ens podem complementar. No volem obligar a ningú a fer res que no vulgui. Però no hem de tirar-nos pedres entre nosaltres, no hem de linxar-nos entre nosaltres. I si ho estem fent, intentem ser autocrítiques i reflexionar si, en gran part, aquestes actituds provenen de la nostra por i submissió.

– D’on prové la submissió al poder? qui som les violentades quotidiana i estructuralment per aquest sistema? Reflexionem si l’obsessió pel pacifisme acrític és producte de com ens ha ‘socialitzat’ aquest sistema autoritari. Insistim: L’estratègia de la no violència/pacifisme dogmàtic (acrític, atemporal, acontextual, irreflexiu, intransigent…) pot ser de les més violentes de les estratègies. Lxs que encara no troben legítima l’autodefensa de lxs pobres/oprimidxs/dissidents podrien reflexionar sincerament sobre els seus perquès? Quins arguments poden presentar en contra de l’autodefensa, evidentment, sempre partint del nostre empoderament i necessitats?

– Arguments com “amb violència perdem legitimitat”: qui no hauria de tenir legitimitat és el sistema i trobem que qualsevol estratègia per lluitar contra una opressió/autodefendre’ns és legítima. Reflexionem sobre les implicacions de la paranoia col·lectiva de lxs violentxs infiltradxs per la policia. Cert que succeeix, però una cosa no invalida l’altra. Aquesta actitud, a més de paràlisi  col.lectiva,  provoca una invisibilització i anul·lament de l’existència d’una voluntat de resistència i autodefensa de les oprimidxs. Anem més enllà i reflexionem sobre la deslegitimació i criminalització amb que el sistema persegueix les dissidències, les pobreses, les discriminades… i ho fa per tots els mitjans. Com per exemple, amb infiltrats de la policia, però amb moltes coses més!

– També recordem que el sistema és violent amb nosaltres de moltes maneres; com diu Brecht: ‘Hi ha moltes maneres de matar. Poden clavar-te un ganivet al ventre. Treure’t el pa. No curar-te d’una malaltia. Ficar-te en un mal habitatge. Empènyer-te fins al suïcidi. Torturar-te fins a la mort mitjançant el treball. Portar-te a la guerra, etc…’). La violència estructural és multidimensional. Recordem que si això és així és perquè els sistema disposa del monopoli de la violència. I si disposa del monopoli de la violència és perquè ha gaudit de certa legitimitat social per aterroritzar-nos de manera sostinguda i gairebé sense protesta. La violència és un dels modus operandi més habituals de la institucionalitat, i podríem dir que durant molt temps ho han pogut mantenir perquè disposaven de certa legitimitat social (tan per l’exercici de la por, la manipulació informativa, la coacció econòmica, etc vers sectors amplis, com perquè el modus operandi de la institucionalitat violenta és atacar sel·lectivament lxs pobres, exclosxs, dissidents, il·legals… amb la qual cosa no tota la societat rep el mateix grau de violència, i certes violències han estat més opaques i invisibles per certs sectors més privilegiats). Ara cada cop som menys lxs ‘privilegiadxs’, això pot angoixar a algunxs, però també ens pot apropar. Preguntem-nos si ara el sistema gaudeix d’un ‘bon moment’ de legitimitat. Fem-nos fortes.

– D’altra banda, segur que moltes de nosaltres considerem que encara mantenim ‘privilegis’ que ens atorga el sistema en relació a altres companyes que no els tenen. Això és el que ens manté lligades de diverses maneres al sistema. Això és el que diferencia les diverses maneres en que rebem la violència del sistema. Això és el que també ens fa generar violències a altres companyes, donat que nosaltres gaudim d’un privilegi que lxs altres no tenen. per tant, això és també el que ens separa d’altres companyes de lluita. És quan exercim aquesta violència (interioritzada del sistema) a altres companyes, quan ens hauríem de preocupar de ser violentes, i no quan exercim una violència autodefensiva vers el sistema que ens oprimeix a totes, evidentment en diferents graus i dimensions. El camí més honest i humil per a continuar de manera coherent amb la lluita és començar a renunciar a aquests privilegis, no utilitzar-los, buscar altres maneres de cobrir les nostres necessitats, i mentrestant, escoltar amb atenció i solidaritzar-nos en conseqüència, amb les companyes que viuen opressions diferenciades/afegides a les nostres. Com ja hem dit, cada cop som més les que estem perdent privilegis. és una gran ocasió per trobar-nos. I per fer-nos fortes en contra del sistema opressor, el violent en última instància.

– Arguments com “totxs lxs violentxs són el mateix”: Què entenem per violència? Ens adonem que no és el mateix violència per autodefensa que violència estructural del sistema? Ens adonem que no és equiparable, sinó que és desigual? Unx ataca sistemàticament, l’altrx es defensa de  l’atac, intentant neutralitzar l’opressió. Reflexionem també sobre un fet important: només ens defensem algunes vegades, la major part del temps estem aguantant la submissió i la violentació. No és una relació d’iguals. Ni podem comparar-ho ni podem situar-ho al mateix nivell. A això cal afegir que la violència del sistema va armada física, mediàtica, judicialment… i disposen d’infinitat de recursos per exercir violència de molts tipus, de gran magnitud, perfeccionada, normalitzada, organitzada permanentment. Considerem que hi ha molt d’estúpid, innocent, acrític i erroni en el fet de pensar que els ‘dos tipus de violència’ són el mateix i estan al mateix nivell. La violència de lxs oprimidxs està clarament limitada, té una altra naturalesa, s’exerceix per raons diferents: és diferent emprar la violència per defensar el sistema que per defensar-se’n. Tot i que ja queda clar, volem insistir: per la mateixa naturalesa del conflicte, mai seran lxs oprimidxs les primeres a recòrrer a la violència. La nostra relació amb el sistema és una relació d’opressió (dins la qual cadascuna viu múltiples opressions de manera i magnituds diverses), i això és en sí violent. Per tant, la resposta violenta de lxs oprimidxs serà sempre una resposta a la violència de lxs opressorxs.

–  El nostre anàlisis l’assumim com un entre tants d’altres. No hi ha cap fórmula màgica per concebre cap lluita, i no podem ni volem imposar a ningú un o altre mètode. Tampoc volem que ens imposin res a nosaltres. Trobem que el més apropiat és reflexionar sobre el tema, i debatre-ho col.lectivament per poder decidir críticament segons les circumstàncies. Sense criminalitzacions, deslegitimacions ni linxaments varis. Sinó des de la complementarietat, el respecte a la diversitat de maneres d’entendre la lluita, la solidaritat i la col·laboració de cadascunx segons capacitats i limitacions. No volem imposar cap estratègia infal·lible a mode de moralina revolucionària, ni volem màrtirs, ni volem adoctrinar a ningú. Només volem fer-nos un espai per plantejar la nostra manera de veure l’assumpte. Evidentment, hi ha una sèrie d’implicacions ètiques en la lluita, siguin quines siguin les formes i estratègies d’abordar-la. Però el que trobem més interessant per a aprendre plegades és el fet de poder plantejar aquestes implicacions. La resposta a aquests problemes anirà sortint de la mateixa acció i de la nostra capacitat d’avaluar autocríticament nostre accionar. El camí ha de ser llarg i ens queda molt per aprendre i molt per canviar en el nostre entorn i en nosaltres mateixes. Si la cosa evoluciona cap a altres estadis de lluita trobem necessari esforçar-nos a debatre el tema de manera crítica per que no ens agafi desprevingudes.