texto – la NO violencia es patriarcal

Publicado: junio 4, 2011 en textos para debate "Com trencar el tabu"

…] Si las mujeres se organizan colectivamente para atacar enérgicamente y oponerse a los violadores, violaciones concretas serán impedidas. El trauma de violaciones pasadas será exorcitado de una forma constructiva y empode- radora, los hombres descartaran la opción de violar con impunidad y futuras violaciones serán desmotivadas. Negros y latinos de las ciudades que llevan a cabo ataques de guerrilla contra la policía no motivan un ciclo de vio- lencia. La policía no mata gente de color porque estén traumatizados por pasadas situaciones de violencia; lo hacen porque el sistema de supremacía blanco lo requiere y porque les pagan por ello. La actividad revolucionaria por supuesto, tendrá como resultado un incremento del estado de represión, pero éste es un obstáculo para la destrucción del Estado, que es el mayor agente proveedor de violencia. Después de la destrucción del Estado, del capitalismo y de las estructuras la gente aún estará traumatizada,

aún tendrá puntos de vista autorita- rios y patriarcales, pero los proble- mas individuales que no son

reforzados estructuralmente podrán ser abordados de formas cooperativas no violentas”.

Peter Gelderloos

Extraido/traducido de: “

”How nonviolence protects the state” Escrito por Peter Gelderloos.

“La No Violencia es Patriarcal” es un capítulo que pertenece al libro How Nonviolence Protects The State (Cambridge, Massachusetts; South End Press, 2007) de Peter Gelderloos, un anarquista estadou- nidense que en este momento está en Barcelona bajo “libertad provisional” esperando un juicio a raíz de una manifestación de okupas. Escribió este libro tras su implicación en una campaña pacifista contra el imperialismo de EEUU, con el fin de rechazar la no violencia, que constituye un fuerte obstáculo para el movimiento anarquista. También está involucrado en el movimiento en apoyo a presxs y ha escrito otro libro, Consensus, además de varios panfletos.

En How Nonviolence Protects The State se encuentran también otros capítulos que hablan de la rela-

ción entre la no violencia y el colonialismo, la no violencia y la represión del estado, la historia falsificada de dicha filosofía, y otros muchos temas. En el presente capítulo aparecen referencias a argumentos pacifistas que se explican en otras partes del libro; aún así el capítulo puede leerse de manera independiente.

Decidimos traducir y editar este texto porque vemos en él una herramienta teórica indispensable para los grupos de

autodefensa feminista. A menudo, en el estudio y práctica cotidianas

de la autodefensa nos encontramos con una ausencia de material escrito que dificulta el abordaje directo de multitud de cuestiones que suscita el tema de la violencia. Otras veces nos encontramos con textos muy interesantes que otros grupos de autodefensa de todo el mundo han elaborado, pero faltan traducciones a nuestro idioma.

El activismo feminista radical se enfrenta constantemente con “el enemigo en casa”, esto es: con una serie de prejuicios, cuestionamien- tos, discursos y actitudes patriarcales que emergen dentro de los espacios y ambientes politizados, entre gente que supuestamente

32-Ibid., 105. 33-Para el sexismo del Weather Underground, ver Tani y Sera, False Nationalism; y Dan Berger, Outlaws Of America: The Weather Underground and the Politics of Soli- darity (Oakland, CA: AK Press, 2005). Para la oposición al feminismo de las Brigatte Rosse, al que denunciaron indiscriminadamente por ser burgués en vez de abrazar su radicalidad, ver Chris Aronson Beck et. al., “Strike One To Educate One Hundred”: The Raise Of The Red Brigades In Italy In The 1960’s-1970’s (Chicago: Seeds Beneath The Snow, 1986).

34-Carol Flinders, “Nonviolence: Does Gender Matter?” Peace Power: Journal Of Nonviolence and Conflict Transformation, vol. 2, no 2 (Verano 2006); http:// http://www.calpeacepower.org/0202/gender.htm. Flinders utiliza este mismo ejemplo de Gandhi, incluso alabando el innato pacifismo de “la devota esposa hindú”.

35-Ibid. 36-Para aquellas no familiarizads con el término, algo que sea “esencializador del género” implica la idea de que el género no es una construcción social -aunque sirva como una división imperfecta- sino que es una serie de categorías inherentes formadas por esencias inalterables e incluso determinantes. 37-Flinders, “Nonviolence: Does Gender Matter?”

38-Patrizia Longo, “Feminism and Nonviolence: A Relational Model”, The Gandhi Institu- te, http://www.gandhiinstitute.org/NewsAndEvents/upload/nonviolence%20and%20relational% 20feminism%20Memphis%202004.pdf#search=%22feminist%20nonviolence%22.

39-“Feminism and Nonviolence Discussion”, Febrero y Marzo de 1998, http:// http://www.h-net.org/ ̃women/threads/disc-nonviolence.html (Consultado el 18 de Octubre de 2006).

presume de un compromiso antisexista.

16-Robnett, How Long? 87,166,95. 17-La historia de Bayard Rustin teniendo que dejar la SCLC porque Rustin era gay se puede encontrar en Jervis Andersen, Bayard Rustin: The Travells I’ve Seen (New York: HarperCollins Publishers, 1997) y en David Dellinger, From Yale to Jail: The Life Story of a Moral Dissenter (New York: Pantheon Books, 1993). 18-Sin embargo, la gente cuyas estrategias cuentan con la formación de partidos u or- ganizaciones centralizadas similares, tanto revolucionarias como pacifistas, también tienen un interés no expresado en la autocrítica. Pero las activistas revolucionarias de hoy demuestran una marcada tendencia alejada de la política de partidos, sindicatos y otras organizaciones que desarrollan el ego, la ortodoxia y el interés en una misma. 19-Robnett, How Long? 93-96. 20-Abu-Jamal, We Want Freedom, 161 21-Ibid. , 159 22-Ibid. 23-Julieta Paredes, “An Interview With Mujeres Creando”, en Quiet Rumours: An Anarcha-Feminist Reader, ed. Dark Star Collective (Edimburgh: AK Press, 2002), 111-112. 24-Leslie Feinberg, “Leslie Feinberg Interviews Sylvia Rivera”, Workers World, 2 de Julio, 1998, http://www.workers.org/ww/1998/sylvia0702.php. 25-Ann Hansen, Direct Action: Memoirs of an Urban Guerrilla, (Toronto: Between The Lines, 2002), 471. 26-Emma Goldmann, “The Tragedy Of Woman’s Emancipation”, en Quiet Rumours, ed. Dark Star Collective, 89. 27-Paul Avrich, Anarchist Portraits (Princeton: Princeton University Press, 1998), 218. 28-Yale, “Anna Mae Haunts the FBI”, Earth First! Journal, Julio-Agosto 2003: 51. 29-Ibid. 30-“Interview With Rote Zora”, en Quiet Rumours, ed. Dark Star Collective, 102. 31-[N.T.] Entendiendo “de manera autónoma” como un activismo que no trata con las instituciones. Ejemplo: los opuestos “feminismo autónomo/feminismo institucional reformista”.

Vemos la necesidad de combatir esta no declarada “resistencia” al compromiso antipatriarcal dotándonos, produciendo y haciendo uso de herramientas teóricas y analíticas contundentes. Partimos de la consciencia de que este conjunto de “resistencias” cumplen la función de proteger el privilegio perpetuando la violencia sexista en todas (y, reiteramos, “todas”, incluidas las más extremas, como es el caso de la violación) sus manifestaciones dentro de los movimientos Sociales.

Peter Gelderloos retrata en su análisis muchas de estas actitudes, y lo que es más importante, identifica uno de los discursos más potentes que operan en este sentido dentro del activismo revolucionario: el paradigma de la no violencia.

“En el género, como en la raza, la no violencia es una posición inherentemente privilegiada” P. Gelderloos

Por último querríamos señalar que esta traducción no hubiera sido posible sin el generoso apoyo de Peter y su empeño por destruir el patriarcado, así como a ernesto y su “distri”, y a la madre de una colega por dejarnos el coche y la casa como retiro espiritual para traducir, también agradecemos los lúcidos consejos filológicos de Misty y de Kymin y muy especialmente al entusiasmo de las mujeres y lesbianas de nuestro grupo de autodefensa.

Barcelona, Septiembre 2007

Peter Gelderloos

El patriarcado es una forma de organización social que produce lo que reconocemos comúnmente como sexismo. Pero va más allá del prejuicio individual o sistémico contra las mujeres. Consiste, en primer lugar, en la falsa división de las per- sonas en dos categorías rígidas (hombre y mujer) que se afirman como naturales y morales. (Mucha gente perfectamente sana no encaja en ninguna de estas categorías fisiológicas, y muchas culturas no occidentales reconocen -y todavía lo hacen, si no han sido ya destruidas- más de dos sexos y géneros.) El patriarcado intenta destruir, social e incluso físicamente, a cualquiera que no encaje en una de estas dos categorías o que rechace este “binarismo de género”. El patriarcado continúa definiendo roles claros (económicos, sociales, emocionales, políticos) para los hombres y las mujeres y afirma (falsamente), que estos roles son naturales y morales. Bajo el patriarcado, la gente que no encaja o que rechaza estos roles de género es neutralizada mediante la violencia y el ostracismo. Se les hace parecer y sentir fexs, sucixs, temibles, despre- ciables, inútiles. El patriarcado es dañino para todxs, y es reproducido por cualquiera que viva en él. Haciendo honor a su nombre, pone a los hombres en una posición do- minante y a las mujeres en una posición sumisa. Las actividades y características que están tradicionalmente asociadas al “poder”, o al menos al privilegio, pertenecen ma- yoritariamente a los hombres(1). El patriarcado otorga casi exclusivamente a los hom- bres la habilidad y el derecho al uso de la violencia.

Con el género, como con la raza, la no violencia es una posición inherentemen- te privilegiada. La no violencia asume que en lugar de defendernos a nosotrxs mismxs de la violencia, podemos sufrir la violencia pacientemente hasta que una parte sufi- ciente de la sociedad pueda ser movilizada a oponerse a ello pacíficamente (o que podamos esperar a “transformar” cualquier agresión que nos amenace individualmen- te.) Muchas de lxs que proponen la no violencia no la presentarán meramente como una práctica política acotada, sino como una filosofía que merece penetrar en el

8-Ibid. 9-Sue Daniels, e-mail, septiembre 2004. Para más información sobre autodefensa

para mujeres, Daniels recomienda Martha McCaughei, Real knockouts: The Phisical Feminism of Women Self-Defense (New York: New York University Press 1998).

10-The Will To Win! Women and Self-Defense es un panfleto anónimo distribuido por Jacksonville Anarchist Black Cross (4204 Herschel Street, #20, Jacksonville, FL 32210).

11-[Nota de las traductoras] El autor en el texto original utiliza el término anglo- sajón “whitewashing”, que se traduce literalmente por “blanqueamiento”; con él se refiere al acto de borrar interesadamente de la historia y de la memoria toda huella que sea “incómoda” para el estado, el patriarcado, el capitalismo o la supremacía blanca.

12-El conservador aforismo pacifista de que “el cambio tiene que venir de dentro” no debe confundirse con la autocrítica. Funcionalmente, tal filosofía solo incapacita a la gente para desafiar al sistema y combatir opresiones estructurales; es análogo a la noción cristiana de pecado, como una barrera para la rebelión y otras acciones colec- tivas para la opresión. En los pocos casos en los que el “cambio des de dentro” princi- pal significa más que un simple mandamiento hacia la no violencia, es una forma im- potente de auto-mejora que pretende que las opresiones sociales son el resultado de extendidos fracasos de personalidad que pueden ser superados sin la supresión de las fuerzas externas. La auto-mejora del activismo anti-opresión, por otro lado, supone admitir que las fuerzas externas (que son las estructuras de la opresión) influencian incluso a aquellxs que luchan contra ellas. Así, tratar con los efectos es un comple- mento conveniente para combatir las causas. Antes que el acto como complemento, la auto-mejora pacifista intenta ser una sustitución.

13-“Ser el cambio que desearías ser en el mundo” o “Personifica el cambio…” son eslóganes pacifistas comunes que se pueden encontrar al menos en un par de pancar- tas en cualquier gran protesta pacifista en los Estados Unidos. 14-E-mail personal al autor, diciembre 2003.

15-Cortright, “The Power of Nonviolence”.

tuándola ), las jerarquías violentas se mantienen a través del uso sistemático de violencia unilateral. La resistencia violenta dirigida contra las jerarquias y sus ingenieros, lejos de perpetuar el ciclo de la violencia, lo debilita. El mundo no es un campo de juego en el que los diferentes agentes sociales estén en igualdad de condiciones (en cuanto a poder y res- ponsabilidad) para ejercer la violencia. La violencia que se origina en otros niveles de la jerarquía y con fines distintos tiene también, lógicamente, resultados distintos. Para ser más específicos, si las mujeres se organizan colectivamente para atacar enérgicamente y oponerse a los violadores, violaciones concretas serán impedidas. El trauma de violacio- nes pasadas será exorcitado de una forma constructiva y empoderadora, los hombres des- cartarán la opción de violar con impunidad y futuras violaciones serán desmotivadas. O, con otro ejemplo, negros y latinos de las ciudades que llevan a cabo ataques de guerrilla contra la policía no motivan un ciclo de violencia. La policía no mata gente de color por- que estén traumatizados por pasadas situaciones de violencia; lo hacen porque el sistema de supremacía blanco lo requiere y porque les pagan por ello. La actividad revolucionaria, por supuesto, tendrá como resultado un aumento de la represión, pero este es un mero obstáculo para la destrucción del Estado, que es el mayor agente suministrador de violen- cia. Después de la destrucción del Estado, del capitalismo y de las estructuras patriarcales la gente aún estará traumatizada, aún tendrá puntos de vista autoritarios y patriarcales, pero los problemas individuales que no son reforzados estructuralmente pueden ser abor- dados de formas cooperativas no violentas. Los ejércitos no tendrán cabida.

6-Por ejemplo, Robin Morgan The Demon Lover: On the Sexuality of Terro- rism (New York: W.W. Norton, 1989). The Rock Block Collective’s pamphlet, Stick it to the Manarchy (Decentralized publication and distribution, 2001), realiza críticas válidas contra el machismo en círculos anarquistas blancos pero sugiere que la militancia en sí misma es machista, y que las mujeres, gente de color, y otros grupos oprimidos son de algún modo demasiado frágiles para participar en una revolución violenta.

7-Laina Tanglewood, “Against the Masculinization of Militancy”,citado en As- hen Ruins, Against the Corpse Machine: Defining a Post-Leftist Anarchist Critique of Violence (Decentralized publication and distribution, abril 2002). Disponible el texto entero en http://www.infoshop.org/rants/corpse_last.html.

mismísimo tejido social y arrancar la violencia de raíz en todas sus manifestaciones. Pero el pacifismo parece no haberle dado a la violencia del patriarcado su considera- ción justa. Después de todo, en las guerras, en las revoluciones sociales y en la vida diaria, las mujeres y las personas transgénero son, dentro de la sociedad patriarcal, las receptoras primarias de la violencia.

Si sacamos esta filosofía fuera de la impersonal arena política y la ponemos en un contexto más real, la no violencia implica que es inmoral que una mujer se defienda de un atacante o que estudie autodefensa. La no violencia implica que para una mujer maltratada es mejor marcharse que movilizar a un grupo de mujeres para darle una pa- liza y echar al marido maltratador de casa(2). La no violencia implica que es mejor ser violada que sacar un bolígrafo del bolsillo y hundirlo en la yugular del agresor (porque hacerlo supondría alimentar un supuesto ciclo de violencia y animar futuras violaciones). El pacifismo simplemente no resuena en las realidades diarias de la gente, a menos que esta gente viva en una extravagante burbuja de tranquilidad en la que toda forma de reactiva y pandémica violencia civil haya sido expulsada por la violencia sistémica y menos visible de la policía y de las fuerzas militares.

Desde otra perspectiva, la no violencia parece capaz de tratar con el patriarcado. Al fin y al cabo la abolición del patriarcado requiere formas de resistencia que enfati- cen la curación y la reconciliación(3). La concepción occidental de la justicia, basada en la ley y el castigo, es totalmente patriarcal. Ya los primeros códigos legales definían a las mujeres como propiedades, y las leyes fueron escritas para hombres que ostenta- ran bienes, que a su vez fueron socializados para no tratar con emociones; “los delitos” eran corregidos a través del castigo más que mediante la reconciliación. Y es más, al patriarcado no lo sostiene una elite poderosa que deba defenderlo por la fuerza, sino que lo sostiene todo el mundo.

Dado que la distribución del poder dentro del patriarcado es mucho más difusa que en el estado o en el capitalismo (por ejemplo, un General que asesora a una empre- sa armamentística, posee un poder significativo dentro del estado y del capitalismo, pero no extrae específicamente del patriarcado mucho más poder que cualquier otro

hombre, excepto quizás el de representar un rol modélico de virilidad), luchar contra los poderosos o máximos responsables juega un papel mucho más pequeño. En su lugar, las personas debemos construir una cultura que nos permita tener una identi- dad propia en términos de género y que nos apoye mientras construimos relaciones saludables y sanamos de generaciones de violencia y trauma. Esto es perfectamente compatible con el entrenamiento en autodefensa para mujeres y gente transgénero y ataca a las instituciones económicas, culturales y políticas

que ejemplifican el patriarcado o son responsables de una forma especialmente brutal del mismo. Matar a un policía que viola a trabajadoras sexuales o a personas transgénero sin techo; prenderle fuego a la oficina de una revista que conscientemente publicita un estándar de belleza que con- duce a la anorexia y a la bulimia o secuestrar al presidente de una empresa que trafica con mujeres. Ninguna de dichas acciones priva de la construcción de una cultura de libertad. Sino que más bien es la gente con poder que conscientemente saca provecho del patriarcado, la que impide activamente la emergencia de esta cultura. Valorar rela- ciones más libres se complementa con una oposición militante(4) a las instituciones que propagan relaciones explotadoras y violentas. Atacar a los más notables y proba- blemente incorregibles ejemplos del patriarcado es una manera de educar a la gente en la necesidad de una alternativa. La mayoría del trabajo requerido para superar el patriarcado probablemente será pacífico, centrado en la construcción de alternativas y la cicatrización de las heridas provocadas por éste. Pero una práctica pacifista que olvida el uso de cualquier otra táctica deja sin opción a la gente que necesita proteger- se de la violencia aquí y ahora.

En el caso de la violación y otras formas de violencia contra las mujeres, la no violencia implica las mismas lecciones que el patriarcado nos ha enseñado durante milenios: glorificar la pasividad -“poner la otra mejilla” y “dignificar el sufrimiento”- frente a la opresión. Todas las historias, mandamientos, parábolas y leyes contenidas en el Antiguo Testamento, uno de los textos más lúcidos que define cómo conservar y poner en práctica el patriarcado, aconsejan a las mujeres sufrir pacientemente la injus-

dos categorías de género como naturales, perdiendo así el primer y más importante paso en la creación del patriarcado, que es la creación de dos rígidas categorías de género. Interesante información corrigiendo esta omisión puede encontrarse en Moira Donald y Linda Hurcombe, eds. Representatinos of Gender from Prehistory to Present (St Martin’s Press, 200).

2-La última estrategia que ha sido aplicada con éxito por numerosas sociedades antiautoritarias a través de la historia, incluyendo Igbo, en Nigeria, a día de hoy. Por ejemplo, ver Judith Van Allen, “’Sitting on a Man’, Colonialism and the Lost Political Institutions of Igbo Women”, Canadian Journal of African Studies, Vol. 2, (1972): 211 -219.

3-Para una justicia más reconstituyente una forma básica para tratar con el daño social a través de la curación y la reconciliación (así, un concepto de justicia conve- niente para tratar muchos “crímenes” que tienen su raíz en el patriarcado), ver Larry Tifft, Battering of Women: The Failure of Intervention and the Case for Prevention (Boulder: Westview Press, 1993) and Dennis Sullivan and Larry Tifft, Restorative Jus- tice: Healing the Foundations of Our Everyday Life (Monsey, NY: Willow Tree Press, 2001).

4-[Nota de las traductoras] El término “militante” es usado por el autor en oposición al de “pacifista”, entendiendo ambos conceptos como dos formas distintas de acti- vismo: el primero no excluye el uso de la acción directa o armada mientras que el segundo lo niega y censura; este uso se extiende a todo el mundo anglosajón.

5-bell hooks presenta un análisis más complejo, tratando también con el proble- ma de la violencia de las mujeres, en muchos libros incluido The Will To Change: Men, Masculinity, and Love (New York: Atria Books, 2004). Sin embargo la violencia de las mujeres que hooks discute no es política, violencia consciente contra agentes del pa- triarcado, sino, más bien un impulsivo desplazamiento del maltrato dirigido contra lxs niñxs y a otros que se sitúan más abajo de la jerarquía social. Este es un ejemplo de un verdadero ciclo de violencia, que las pacifistas suponen que es la única forma de vio- lencia. Y mientras todas las formas traumáticas de violencia se convierten en cíclicas (esto es, la manera en la que la gente reacciona al trauma de la violencia inicial perpe-

violenta. Sin embargo, las mujeres eligen la no violencia no por desear mejorarse a sí mismas a través de un sufrimiento añadido, sino porque la estrategia encaja con sus valores y recursos(38).

Constriñendo a las mujeres a la no violencia parece que las feministas paci- fistas deban también constreñir nuestra definición de los “valores y recursos” de las mujeres; definen qué rasgos son esencialmente femeninos encerrando a las mujeres en un rol falsamente identificado como natural, y dejan fuera a las que no encajan con ese rol.

Es difícil cuantificar cuantas feministas aceptan hoy en día las premisas del esencialismo, pero parece que un amplio número de feministas de base no aceptan la idea de que el feminismo y la no violencia estén o deban estar inherentemente vincula- dos. En un foro de discusión on line, decenas de mujeres que se autodefinen como fe- ministas respondieron a la cuestión: “¿Existe un vínculo entre la no violencia y el femi- nismo?” Una mayoría de las presentes, algunas pacifistas, otras no, expresaron la cre- encia de que las feministas no necesitan apoyar la no violencia. Un mensaje lo resumió de la siguiente manera: “ Todavía existe una presión sustancial dentro del feminismo que vincula a las mujeres a la no violencia. Pero existen también un montón de femi- nistas ahí fuera, entre las que yo misma me incluyo, que no quieren verse a sí mismas automáticamente incluidas en una postura (esto es, la no violencia) simplemente por nuestros genitales o por nuestro feminismo(39)”. Traducido por :

RIOT IN TRANSLATION (Sara y Miriam). DESTROY THE ©OPYRIGHT

1-Para más información sobre el patriarcado, recomiendo encarecidamente las obras de bell hooks así como las de Kate Bornstein (por ejemplo Gender Ou- tlaw) y Leslie Feinberg (por ejemplo Transgender Warriors). También para un acercamiento histórico y antropológico The Creation of Patriarchy de Gerda Lerner (New York: Oxford University Press, 1986) tiene buena información aunque Lerner se limita mucho a sí misma dentro de una perspectiva binaria del genero aceptando

ticia y rezar para que la divina Autoridad intervenga. (Esta prescripción es parecida a la fe que tiene el pacifismo en que los medios de comunicación diseminen imágenes del sufrimiento dignificado para motivar a las autoridades a que ejecuten la justicia). Dado que el patriarcado prescribe claramente una violencia masculina unilateral, las mujeres estarían interrumpiendo esta dinámica de poder, no reforzándola, sino reapro- piándose de su capacidad de ejercer violencia(5). En este sentido, el hecho de que las mujeres reclamen la habilidad y el derecho al uso de la fuerza no pone fin por sí mis- mo al patriarcado, pero es una condición necesaria para la liberación de género, así como una forma útil de empoderamiento y de protección a corto plazo.

Las pacifistas y las feministas reformistas han señalado a menudo que son las personas que practican el activismo militante las que son sexistas. En muchos casos específicos, dicha acusación ha sido válida. Pero la crítica frecuentemente se extien- de a sugerir que el uso activista de la violencia es sexista en sí mismo, masculino, o por lo menos privilegiado(6). Como Laina Tanglewood explica: “Algunas ‘feministas’ recientes critican que el anarquismo ha condenado a la militancia a ser sexista y a no incluir a las mujeres… Esta idea es en realidad la más sexista(7).” Otras anarquistas señalan que “De hecho, la masculinización de la violencia, con su velada concomitan- cia sexista y la feminización de la pasividad, realmente se debe más a aquellas perso- nas cuya noción del cambio no incluye la revolución o la aniquilación del Estado(8).”

De igual forma, ¿qué noción de libertad no incluye la capacidad de las mujeres para defenderse a sí mismas? Respondiendo a la suposición de que las mujeres sólo pueden ser protegidas por unas amplias estructuras sociales, la activista Sue Daniels nos recuerda: “Una mujer puede deshacerse de un atacante por sí misma… No es en absoluto cuestión de quién sea físicamente más fuerte; es una cuestión de entrena- miento(9).” The Will to Win! Women and Self-Defense, un panfleto anónimo, añade lo siguiente:

Es ridículo que halla tantas organizaciones de apoyo y orientación para mu- jeres que han sido violadas, atacadas y maltratadas, y apenas ninguna que trabaje para preparar y prevenir que estas cosas sucedan. Debemos rechazar ser víctimas y deshechar la idea de que debemos someternos a nuestros agresores para mantenernos

alejadas de una violencia aún más extrema. En realidad, someternos a nuestros agreso- res solo contribuirá a una violencia futura contra otras (10).

La idea de que la violencia es masculina, o que el activismo revolucionario excluye necesariamente a las mujeres, queers y gente trans está, como otras premisas de la no violencia, basada en un olvido histórico(11). Se ignoran las mujeres nigerianas ocupadas en sabotear los yacimientos de petróleo; las mujeres mártires de la intifada palestina; las guerreras queer y transgénero de la Stonewall Rebellion; las miles de mu- jeres que lucharon con el Vietcong; las mujeres líderes de la resistencia Nativa al geno- cidio europeo y norteamericano; Mujeres Creando, un grupo de anarco-feministas de

transfóbico y esencializador del género(36) de la Universidad de California. Prosigue hurgando en “nuestro remoto pasado pre-humano. Entre lxs chimpancés, nuestras más cercanas relaciones, los machos patrullan el territorio en el que las hembras alimentan a las crías… Las hembras raramente están en estos frentes; ellas se dedican más al típi- co cuidado directo de su descendencia.” Flinders afirma que esto muestra que “dedicarse al combate directo nunca ha constituido un rasgo especialmente adaptativo para las mujeres” y “las mujeres tienden a acercarse a la no violencia desde frentes dis- tintos e incluso a vivir la no violencia de forma bastante diferente”(37). Flinders está cometiendo otro disparate en nombre de la ciencia, a parte de estar asumiendo un tono destacablemente sexista. Primeramente, el determinismo evolutivo que usa ni es escru- puloso ni se puede probar; su popularidad proviene de la utilidad de crear una coartada para las estructuras sociales históricamente opresivas. Incluso en este marco dudoso, Flinders es inexacta en sus asunciones. Lxs humanxs no se desarrollaron a partir de lxs chimpancés; más bien ambas especies se desarrollaron a partir de una misma predece- sora. Lxs chimpancés son tan modernxs como lxs humanxs y ambas especies han teni- do la oportunidad de desarrollar adaptaciones en el comportamiento que divergen del ancestro común. No estamos más atadas a las divisiones de género de lxs chimpancés de lo que ellxs lo están a nuestra propensión a desarrollar listas de palabras inmensas para oscurecer la verdad del mundo que nos rodea. En segundo lugar, a través del mis- mo camino que la llevó a afirmar la tendencia femenina a la no violencia, Flinders se ha encontrado con la afirmación de que el rol natural de las mujeres es confortar a lxs niñxs y alimentar a todo el mundo lejos de las lineas del frente. Flinders ha demostrado marcada aunque accidentalmente, que el mismo sistema de creencias que dice que las mujeres son pacíficas, también dice que el rol de las mujeres es el de cocinar y criar niñxs. El nombre para este sistema de creencias es el de patriarcado.

Otro artículo de una feminista académica se pone esencialista en menos que can- ta un gallo. En el segundo párrafo de “Feminismo y No Violencia: Un Modelo Relacio- nal” (Feminism and Nonviolence: A Relational Model), Patrizia Longo escribe:

Años de investigación… sugieren que a pesar de los problemas poten- ciales que supone, las mujeres han participado de forma consistente en la acción no

Bolivia; las sufragistas británi- lucharon contra la policía. Se que ocuparon los más altos del Black Panther Party, las ground, y otros grupos militan- de algún modo excluye a las ra la historia del blanco y paci- rrobora, porque ni el patriarcado más efectivo que pudiéramos imaginar jamás sería capaz de impedir que toda la gente transgénero y todas las mujeres lucharan de mane- ra militante contra la opresión.

La gente partidaria de la no violencia que hace una limitada excepción con la autodefensa porque reconoce hasta qué punto es erróneo decir que las personas oprimi- das no pueden o deben protegerse a sí mismas, no tiene estrategias viables para tratar con la violencia sistémica. ¿Sirve la autodefensa para defenderse de un marido maltratador, pero no para hacer saltar por los aires una fábrica emisora del dióxido que intoxica tu leche materna? ¿Qué hay acerca de una campaña más coordinada para des- truir la empresa a la que pertenece la fábrica y es responsable de liberar los contami- nantes? ¿Es autodefensa matar al general que envía a los soldados que violan a las mu- jeres en una zona de guerra? ¿O deben las pacifistas permanecer a la defensiva, solo respondiendo a ataques individuales y sometiéndose a sí mismas a la inevitabilidad de tales ataques hasta que la táctica no violenta haga cambiar de alguna forma al general o provoque el cierre de la fábrica, en un futuro incierto?

cas que generaron disturbios y olvidan también las mujeres niveles de liderazgo al frente zapatistas, las Weather Under- tes. La idea de que defenderse mujeres es absurdo. Ni siquie- ficado “Primer Mundo” lo co-

del pasado (por ejemplo, la postura machista del Weather Underground o el anti-feminismo de las Brigatte Rosse)(33). Pero el hecho de tomarnos seriamente estas críticas no impide que señalemos la hipocresía de las feministas que censuran encanta- das el comportamiento sexista de lxs militantes y a la vez lo cubren cuando son pacifistas lxs que lo cometen -por ejemplo, deleitándose con el cuento de que Gandhi aprendió de su mujer la no violencia, obviando los inquietantes aspectos patriarcales de su relación-(34).

Algunas feministas van más allá de las críticas específicas y tratan de forjar un enlace metafísico entre el feminismo y la no violencia: esta es “la feminización de la pasividad” antes mencionada. En un artículo publicado en el periódico de Berkeley Peace Power Carol Flinders cita un estudio de los científicos de la Universidad de Ca- lifornia (UCLA) afirmando que las mujeres están programadas hormonalmente para responder al peligro no con el mecanismo del “ataca o corre”, el cual se atribuye a los hombres, sino con el mecanismo de “cuida o entabla amistad”. De acuerdo con estos científicos, las mujeres, en un estado de amenaza, “ calman a lxs niñxs, alimentan a todo el mundo, difuminan la tensión y conectan con otras mujeres”(35). Este tipo de ciencia sensacionalista ha sido una herramienta favorable para reconstituir el patriarca- do mediante la supuesta prueba de la existencia de diferencias naturales entre hombres y mujeres; la gente está demasiado predispuesta a olvidar principios matemáticos bási- cos con tal de poder entregarse a un mundo tan bien ordenado. A saber, dividiendo ar- bitrariamente a la humanidad en dos partes (hombre y mujer) basadas en un número muy limitado de características invariablemente producirán diferentes resultados que funcionan como cánones para cada parte. La gente que no sabe que un resultado extraí- do a través de tal operación aritmética no expresa, sino que oscurece la diversidad de las partes, declara felizmente que dichas partes son categorías naturales y continúan haciendo sentir a la gente como antinatural y anormal si no encajan con el cánon de la parte que les corresponde (No quiera Dios que encajen con el resultado de la parte opuesta. ¡Hagamos una pausa para brindar por la imparcialidad de la Ciencia!).

Pero Flinders no se contenta con detenerse aquí, con el estudio implícitamente

Aparte de proteger al patriarcado de la oposición militante, la no violencia tam- bién ayuda a preservar las dinámicas patriarcales dentro del movimiento. Una de las mayores premisas del presente activismo anti-opresión (nacido del deseo común de promover movimientos más libres y empoderados y de evitar el cuerpo a cuerpo am- pliamente contenido por dinámicas de opresión y de descuido que invalidó las luchas de liberación de las generaciones previas) es que las opresivas jerarquías sociales exis- ten y se reproducen a sí mismas en el comportamiento de toda persona y deben ser su- peradas tanto interna como externamente. Pero el pacifismo prospera evitando la auto- crítica(12). La mayoría de nosotrxs estamos familiarizadxs con el estereotipo parcial- mente justificado de la auto-complacencia, la auto-celebración de activistas no vio- lentxs que “personifican el cambio que desearían ver en el mundo(13)” hasta tal grado que en sus mentes ellxs personifican todo lo correcto y bonito. Un seguidor de una or- ganización pacifista exclamó, en respuesta a críticas entorno al privilegio, que el líder de raza blanca y género masculino perteneciente a un grupo, posiblemente no podía ejercer un privilegio por ser blanco y por ser hombre ya que se trataba de una buena persona, como si la supremacía blanca y el patriarcado fueran asociaciones enteramen- te voluntarias(14). En tal contexto, ¿con qué facilidad podría un grupo con un liderazgo predominantemente masculino, entendido como la personificación del ideal no violen- to, a resultas de su participación en un impresionante número de huelgas de hambre y sentadas, ser movilizado contra comportamientos opresivos, contra la transfobia o contra el abuso sexual?

La tendencia del pacifismo a evitar la autocrítica no es solo típica, es fun- cional. Cuando tu estrategia para vencer proviene de “capturar y mantener la superio- ridad moral como una ventaja frente a nuestros oponentes(15)” es necesario retratarte a ti mismx como moral y a tu enemigo como inmoral. No cubrir fanatismos y dinámicas opresivas frente a líderes y miembros del grupo es simplemente contraproducente para tu estrategia escogida. Cuánta gente sabe que Martin Luther King Jr. trató a Ella Baker (quien es la responsable general de la construcción de la -Southern Christian Leaders- hip Conference [SCLC], mientras King era todavía inexperto como organizador) como a su secretaria; y se rió en la cara de algunas mujeres de la organización cuando sugi-

rieron que el poder y el liderazgo deberían ser compartidos; dijo además que el rol natural de las mujeres era la maternidad, y que ellas, desafortunadamente, se veían “forzadas” a ocupar las posiciones de “maestro” y “líder”(16); y echó a Bayard Rustin de su organización porque Rustin era gay(17)? Pero entonces, ¿por qué estos factores, ampliamente disponibles cuando convertimos a King en un icono, conllevarían el en- cubrir tales faltas retratándolo como un santo? Para el activismo revolucionario, de todos modos, la victoria llegará a través del empoderamiento y del uso de mejores estrategias para combatir el estado y sobrevivir a la represión. Tal vereda requiere constante evaluación y autocrítica(18).

A menudo preexisten asunciones sexistas que pintan a los grupos militantes más sexistas de lo que en realidad son. Por ejemplo, las mujeres eran, efectivamente,

excluidas de las posiciones de liderazgo en el SCLC(19) de King, cuando por el contrario las mujeres (por ejemplo, Elaine Brown) a veces alcanzaron las más altas posiciones en el Black Panther Party [BPP]. Aún así es el BPP, y no el SCLC, el que se alzó como el pa-

radigma del machismo. Kathleen Cleaver lo refutó cuando dijo: “En 1970, el BPP tomó una posición formal en la liberación de la mujer(20). ¿Hizo el congreso de los Estados Unidos la más mínima declaración acerca de la liberación de la mujer?” Frankye Malika Adams, otra Pantera, dijo: “Las mujeres organizaron bastante la BPP. No sé cómo consiguieron ser un partido de hombres o pensaron como si lo fueran (21)” . Resucitando una historia más rigurosa del Black Panther Party, Mumia Abu- Jamal documenta que fue, de alguna forma, “un partido de mujeres(22)”.

No obstante, el sexismo persistió entre los Panteras, como persistió en cual- quier ambiente revolucionario, y en cualquier otro segmento de la sociedad patriarcal de hoy en día. El patriarcado no puede ser destruido de la noche a la mañana, pero puede ser gradualmente vencido por grupos que trabajan para destruirlo. El activismo debe reconocer al patriarcado como el principal enemigo y abrir espacios en los movi- mientos revolucionarios para mujeres, gente queer y gente transgénero para consti- tuirse como fuerzas creativas a la hora de dirigir, asesorar y reformular la lucha

comenzado a dividir totalmente al ala radical del resto del movimiento aislándolos para debilitar al movimiento entero. En los 70 tuvimos la experiencia de lo que signi- fica que sectores de la izquierda adopten la propaganda del estado, cuando empiezan a presentar a aquellxs que luchan de manera autónoma(31) como lxs responsables del estado de persecución, destrucción y represión. No solo confunden la causa con el efecto, sino que implícitamente justifican el estado de terror. Por lo tanto, son ellxs mismos quienes debilitan sus propias posiciones. Estrechando el marco de las protes- tas y las resistencias…

La entrevista prosiguió planteando la siguiente cuestión: ¿Como pueden las mujeres no autónomas, no radicales, entender lo que

queréis? Las acciones armadas tienen un efecto “ahuyentador”. Zora 2: Quizás es temible que la realidad del día a día sea cuestionada. Las

mujeres a las que desde la cabeza con la idea de que guras si tienen que enfren- res ni son víctimas ni son provocación. Aquellas falta de poder con rabia tras acciones. Dado que cada acto de violencia en contra de una mujer crea una atmósfera de amenaza contra todas las mujeres, nuestras acciones contribuyen, inclu- so si sólo apuntan al responsable individual, al desarrollo de una atmósfera de “¡La resistencia es posible!”(32).

Hay, sin embargo, mucha literatura feminista que niega los efectos empodera- dores (e históricamente importantes) de la lucha militante en el movimiento de muje- res y en otros movimientos, ofreciendo en su lugar un feminismo pacifista. Las femi- nistas pacifistas apuntan al sexismo y al machismo de ciertas organizaciones militan- tes de liberación, a las cuales deberíamos dirigirnos para que lo reconozcan. El argu- mentar en contra de la no violencia y en favor de una diversidad de tácticas no deber- ía implicar en absoluto un acuerdo con las estrategias o culturas de grupos militantes

pequeñas se les ha machacado son víctimas se vuelven inse- tarse al hecho de que las muje- pacíficas. Esto constituye una mujeres que experimentan su pueden identificarse con nues-

fugitiva por evadir comparecencias ante el juzgado con los cargos de tenencia de explosivos. En febrero de 1976, fue encontrada muerta con un disparo en la nuca; el forense apuntó como causa de la muerte “hipotermia”. Tras su fallecimiento, se supo que el FBI la había amenazado de muerte por no delatar a otrxs activistas del AIM. Durante toda su vida, Pictou-Aquash fue una activista y revolucionaria muy compro- metida.

Esta gente blanca piensa que el país les pertenece -no se dan cuenta de que si están ahora en el cargo correcto es solamente porque son más numerosos-. El país entero cambió con sólo un puñado de peregrinxs harapientxs que vinieron aquí en 1500. Se puede coger a un puñado de indixs harapientxs para hacer lo mismo; yo in- tenté ser unx de esxs indixs(29).”

Rote Zora (RZ) fue un grupo alemán de guerrilla urbana de feministas anti- imperialistas. Junto a las aliadas Células Revolucionarias, llevaron a cabo más de dos- cientos ataques, mayoritariamente poniendo bombas, durante los 70 y 80. Apuntaron hacia pornógrafos; empresas explotadoras; edificios gubernamentales; compañias que traficaban con mujeres para ser esposas, esclavas sexuales y trabajadoras domésticas; entre otras cosas. En una entrevista anónima, integrantes del Rote Zora explicaron: “las mujeres del RZ empezaron en 1974 poniendo una bomba en el Tribunal Supremo en Karlsruhe porque queríamos la abolición total de la ‘218’ (la ley del aborto)”(30). A la pregunta de si la violencia daña al movimiento tanto como sus bombas, respon- dieron:

Zora 1: ¡Que daña al movimiento! Hable en todo caso de la instalación de la represión. ¡Las acciones no dañan al movimiento! Todo lo contrario, pueden y deben apoyarlo de una forma directa. Nuestro ataque contra los traficantes de mujeres, por ejemplo, ayudó a exponer a la luz pública sus negocios, a amenazarlos, y ahora ellos saben que tienen que anticiparse a la resistencia de las mujeres si quieren seguir adelante con sus negocios. Estos “caballeros” saben que tienen que prever la resistencia. A esto lo llamamos el fortalecimiento de nuestro movimiento.

Zora 2: Hace ya mucho tiempo que la estrategia de la contrarrevolución ha

(mientras también se da apoyo a los esfuerzos de los hombres para entender y contrarres- tar nuestra propia socialización). Una evaluación honesta muestra que no importan nues- tras intenciones, queda mucho trabajo por hacer para liberar el movimiento del control de las manos de los hombres y para encontrar formas más saludables y reconfortantes para tratar con patrones de abuso en las relaciones, sociales o sexoafectivas entre miembrxs del movimiento.

Casi todas las discusiones tácticas o estratégicas en las que he participado, fueran éstas militantes o pacifistas, han sido atendidas y dominadas abrumadoramente por hom- bres. Lejos de mantener que las mujeres y la gente transgénero son de algún modo inca- paces de participar en un amplio espectro de opciones tácticas (o incluso de discutirlas), haríamos bien en recordar las voces de aquellas que han luchado -violentamente, de ma- nera desafiante, efectivamente- como revolucionarias. Con este fin:

Mujeres Creando es un grupo anarco-feminista de Bolivia. Sus componentes se han dedicado a campañas de grafitis y campañas antipobreza. Protegen a la gente de la violen- cia policial durante las manifestaciones. En su acción más dramática, se armaron con cócteles molotov y cartuchos de dinamita y ayudaron a un grupo de granjeros indígenas a tomar un banco para demandar que les perdonaran la deuda que les estaba matando de hambre a ellxs y a sus familias. En una entrevista, Julieta Paredes, una miembro fundado- ra, explica los orígenes del grupo:

“Mujeres Creando es una “locura” iniciada por tres mujeres [Julieta Paredes, María Galindo y Mónica Mendoza] desde la arrogante, homofóbica y totalitaria izquierda de la Bolivia

de los ochenta… La diferencia entre nosotras y aquellos que hablan acerca del derrocamiento del capitalismo es que todas sus propuestas para una nueva sociedad provienen del patriarcado de izquierda. Como feministas, en Mujeres Creando queremos revolución, un cambio real del sistema… He dicho ya antes y quiero repetir que no somos anarquistas por Bakunin o la CNT, sino más bien por nuestras abuelas, y esta es una hermosa escuela de anarquismo(23).”

Sylvia Rivera, una drag queen puertorriqueña, habló acerca de su participación en la rebelión de Stonewall en 1969, provocada tras la redada policial, en el Stonewall Bar en Greenwich Village de la ciudad de Nueva York, con el fin de acosar a la clien- tela trans y queer.

No aceptaremos más mierda de ésta. Hemos hecho mucho por otros movimientos. Llegó el momento.

En primera línea estaban los gays de las calles de Village y la gente sin techo que vivía en el parque de Sheridan Square frente al bar, después las drag queens y todo el mundo detrás nuestro…

Estoy encantada de haber estado en los disturbios de Stonewall. Re- cuerdo que cuando alguien lanzó un cóctel Molotov, pensé:”¡Dios mío, la revolución finalmente está aquí!”

Siempre creí que tendríamos que defendernos. Estaba segura de que nos defenderíamos. Solo que no sabía que iba a ser esa noche. Estoy orgullosa de mí misma por haber estado allí aquella noche. Si me hubiera perdido ese momento, me habría sentido de algún modo dolida porque fue entonces cuando vi cómo cambiaba el mundo para mí y para mi gente.

Aunque claro, todavía queda ante nosotras un largo camino por recorrer(24).

Ann Hansen, una revolucionaria canadiense, cumplió siete años de condena en prisión por estar involucrada en 1980 en los grupos clandestinos Direct Action y la Wimmin’s Fire Brigade, que, entre otras acciones, pusieron una bomba en la fábrica de Litton Systems (fabricante de componentes para misiles navales) y lanzaron bom- bas incendiarias en una cadena de tiendas de pornografía que vendía vídeos retratando violaciones. De acuerdo con Hansen:

Hay muchas formas diferentes de acción directa, algunas más efecti- vas que otras en diferentes momentos de la historia, pero en conjunción con otras for- mas de protesta la acción directa puede hacer más efectivo el movimiento por el cam- bio abriendo caminos de resistencia que no son ni fácilmente absorbidos ni fácilmente

controlables para el estado. Desgraciadamente, la gente dentro del movimiento debilita sus propias acciones cuando fracasa en el entendimiento y el apoyo de las diversas tácticas disponibles… Nos hemos vuelto pacíficxs(25).

Emma Goldman, nacida en Rusia, -la anarquista americana más famosa-, participó en el intento de asesinato del empresario del acero Henry Clay Frick en 1892; partidaria de la Revolución Rusa y una de las primeras críticas con el gobierno leninista, escribe así acerca de la emancipación de las mujeres: “La historia nos cuenta que toda clase oprimida se gana la verdadera libera- ción de sus amos a través de sus propios esfuerzos. Es nece-

sario que la mujer aprenda esta lección, que se dé cuenta de que no alcanzará su liber- tad hasta que alcance el poder para realizarla(26)”.

Mollie Steimer fue otra inmigrante anarquista rusa en América. Desde muy joven, Steimer trabajó con Frayhayt, un periódico anarquista en yiddish de Nueva York. En la portada del mismo aparece este lema: “La única guerra justa es la revo- lución social”. Desde 1918 en adelante, Steimer fue arrestada y encarcelada repetida- mente por hablar claro en contra de la Primera Guerra Mundial o en apoyo de la Re- volución Rusa, que, en aquel tiempo, antes de la consolidación leninista y las purgas, tenía un componente significativamente anarquista. En un juicio declaró: “Para el cumplimiento de esta idea (el anarquismo), consagraré toda mi energía y, si es nece- sario, daré mi vida por ello(27)”. Steimer fue deportada a Rusia y luego encarcelada por los Soviets por su apoyo a lxs anarquistas presxs allí.

Anna Mae Pictou-Aquash fue una mujer Mi’kmaq y una activista del American Indian Movement (AIM). Después de enseñar y orientar a la juventud Nativa, y “trabajar con las Boston’s African American and Native American Communities(28)”, se unió a la AIM y se involucró en la ocupación de 71 días del Wounded Knee en la reserva de Pine Ridge en 1973. En 1975, en relación a un periodo de brutal represión, durante el cual al menos 60 miembros y partidarixs de la AIM fueron asesinadxs por paramilitares equipados por el FBI, Pictou Aquash estuvo presente en un tiroteo en el que dos agentes del FBI fueron asesinados. En noviembre de 1975, fue declarada


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comentarios
  1. nuria dice:

    Ismahel:

    Te escribo por formar parte de la comisión de autoorganización, del grupo de calendario. Y te escribo para darte una visión totalmente personal, como los escritos que se suben a este blog.

    Quiero decirte que estoy de acuerdo con el hecho de que hablar de “autodefensa” es un eufemismo. Y que yo, personalmente, estoy totalmente en desacuerdo con cualquier postura que implique una actitud violenta, sea justificada o no bajo cualquier punto de vista. En mi opinión, no conozco ningún conflicto político-social que se haya resuelto mediante la violencia: la violencia genera violencia de forma indefinida.

    Pese a estar en consonacia con tus comentarios, quiero decirte que tu discurso es gratuitamente agresivo. Sobretodo porque, después de tu primer comentario, se te ha hecho una observación para clarificarte que el texto colgado no es un texto consensuado dentro de la comisión sino una opinión personal.

    Entiendo tus miedos y, en gran medida, los comparto. Pero también te digo que eso no te da licencia para atacar y desacreditar. Creo que la gente que integra la comisión tiene ganas y energías de trabajar por un cambio. Y, además, cuentan con una visión sobre ciertos temas que, para mí almenos, es muy enriquecedora.

    Respecto al tema del uso de la violencia como vía de autodefensa, está en debate. Por tanto, está por ver cuántos adeptos tiene. En mi caso, si la mayoría opta por aceptar esta vía de resolución, respetaré la decisión consensuada pero dejaré de asistir y trabajar en esta comisión. Al fin y al cabo, hay que sentirse cómodo con lo que uno está defendiendo.

    Saludos,

    Nuria

  2. Bret dice:

    Molt d’acord amb tu Ismahel.. El pacifisme és divers i no és una postura acrítica ni molt menys!. Ni tant sols el pacifisme més “radical” és necessariament acrític, sinó que respon (o pot respondre) a una reflexió super àmplia i alhora concreta dels fenomens de violència i a més a més, posant el punt de mira amb objectius a llarg termini. I a més de reflexió inclou (o sol incloure) una gran sensibilitat; una sensibilitat que no te a veure amb floretes (ho dic a més essent conscient i aprofitant la imatge intencionadament ridiculitzadora que en fan alguns que van de no se que) sinó amb l’arrel de tals floretes i dels arbres i naturalment també de les persones.

    Obstinar-se en veure el pacifisme com un dogma o rodejar-lo d’estigmes negatius, com si el pacifisme fos la represió més perversa la violència més secreta del sistema és interpretable…

    Però també podem pensar (interpretar) que amb la critica al pacifisme el que es preten en molts casos és tergirversar la realitat per buscar complicitats fàcils amb la postura antipacífica que es preten defendre, sovint una postura o un conjunt difús de postures amb nombrosos prejudicis incorporats!.. Tants prejudicis, que sembla (de vegades) que alguns d’aquells o aquelles qui defenen la violència com una cosa “necessaria” per aconseguir uns objectius de “justicia” o fins i tot de “pau”, en molts casos estiguin més enamorats de les formes que de les finalitats!!

    Cuidado amb aquesta gent! Majoritariament estan al poder polític, estan als bancs (poder econòmic), i als exèrcits o la policia (poder militar) i en aquests 3 àmbits son els pitjors, ..però no siguem ingenuus, també estan alguns d’ells, fent pinitos en assamblees “revolucionaries”.

    Amb això no vull dir que tots els qui defenen actes algo “violents” com trencar mobiliari en una manifestació des de una postura antisistema siguin penya potencialment represora en cas que el poder el tinguessin ells, en absolut, no tota la violència revolucionaria busca perpetuarse (un cop aconseguida la victoria) en una violència estructural nova posterior (rollo règim Fidel Castro per fer una comparació factible). Els qui cremen contenidors NO vol dir que també estiguessin disposats a signar sentencies de mort contra algú, ni molt menys, i cal que la gent sigui conscient, més aviat al contrari; la gran majoria dels “violents antisistema” -seguint la definició de molts mas media- en realitat son penya que busca aconseguir per la “via ràpida” (pero quasi sempre fallida) una transformació social que ja voldrien molts altres pero que per conformitat o cobardia o el que sigui no s’atreveixen a executarla..

    Bé; deixat això clar (i esperant que ja no càpiguen malinterpretacions al respecte del que escric) passo a dir el següent:

    El sistema de poders que ens rodeja i engloba per totes bandes requereix de la violència estructural (conscient o inconscientment) per a perpetuar-se, igual que la tant lloada societat helenística (per posar altre exemple) requeria de l’existencia d’esclaus.. o la societat cristiana feudal de nombrosos masovers que paguessin molts impostos a l’esglesia..
    La societat que moltes i molts de nosaltres volem crear o ajudar a crear, és una altre de radicalment diferent. Una societat en la qual no tingués cabuda la violència estructural ni és requerís per autoperpetuar-nos. I per aconseguir-la hem de ser coherents i per tant no utilitzar la violència i apostar per una transformació cultural de la societat, la qual exigeix més sacrifici, molta més lentitut, fermesa i si m’apureu, amor.. AMOR en majúscules. Però si de cas retiro aquest últim requeriment, pequè no m’acuseu d’excesivament utòpic..

    Ànims i rEvolució

  3. ismahel dice:

    hola de nuevo, Nuria
    tengo que decirte que he leído el resto de links y no me acabo de quedar tranquilo. En vuestras actas, con eufemismos o sin ellos, hay cierta insistencia antipacifista. En las actas se habla de pacifismo acrítico, dando por sentado que en la plaza el pacifismo es acrítico, y dando a entender, o explicando poco, que no hay distintas y confrontadas posiciones que se llaman a sí mismo pacifista, como si fuera una tendencia estanca. Creo que esa es una confusión grave, como cuando se habla de feminismo en lugar de feminismos. Yo percibo en vuestras actas un sesgo que parece desear una resistencia que responda a la violencia con más violencia o que, como decís en vuestro extraño eufemismo, una “autodefensa”. POr cierto, la parte “auto” de la palabra es redundante: cuando me defiendo de una agresión, siempre me “autodefiendo”.

    Para mí no es tanto un tema de qué estrategia sea mejor o peor en abstracto, sino en cada contexto y momento concreto. Si estuviéramos en la selva lacandona o en el vietnam de 1970, no sé qué pensaría. Me doy libertad para pensar en cada momento, para sentir lo que se necesita en cada situación. Y si vosotros pensáis que este movimiento de democracia real, visto en toda su transversalidad, necesita “autodefenderse”, es que o no se está entendiendo nada o que se desea usar la misma estrategia siempre, sea cual sea el contexto de lucha.

    REsumiendo: me sigue pareciendo que se os va un poco la pinza y que miles de personas en el mundo que, desde el salón de sus casas y en las plazas y en los barrios ven nuestra iniciativa con simpatía pueden dejar de verla si se visibiliza este sesgo que me parece que tenéis.

    Gracias por leerme,
    saludos,
    ismahel

  4. NÚRIA dice:

    Ismahel, sólo decirte que es un texto colgado por una persona y que no es en nombre de la submcomisión. Creo que lo que interesa es proporcionar información sobre diferentes estrategias y saber de que hablamos cuando hablamos de pacifismo, no violencia o autodefensa. Si miras por este espacio hay más informaciones contrapuestas a este texto!!!
    Són materiales de trabajo que expresan diferentes visiones, no comunicados consensuados!!!!!!!!

  5. ismahel dice:

    Perdonad que os moleste de nuevo, pero releyendo el texto se me han puesto los pelos de punta: decís que el pacifisimo no resuena en la realidad del a gente, y luego habláis de hundir un bolígrafo en la yugular de un agresor. ¿Eso SÍ resuena en la realidad de la gente? Joder, qué fuerte.

    La verdad es que vosotros no sois nadie para representar lo que resuena o deja de resonar en la realidad de otro. Y eso es lo que estáis intentando. Representar a los otros. Pero os recuerdo de qué va la acampada, porque tenéis la memoria tan floja como la dialéctica:

    A MI NO EM REPRESENTA NINGÚ¡

  6. ismahel dice:

    vuestra hipótesis sobre la no violencia como elemento capitalista y patriarcal es epistemológicamente aceptable a pesar de aguantarse con pinzas… pero es simplemente eso: una hipótesis científica. Sería facilísimo para mí y para cualquiera que haya leído algo sobre el tema contraargumentar de manera metodológica, promoviendo otra hipótesis. Pero no voy a gastar esa energía con eso porque no me parece que seáis receptivos con ella. Sólo deciros que, al posicionaros de esta manera, y si estos fundamentos de pensamiento llegan a ser aprobados en asamblea general, miles de personas como yo nos sentiremos expulsados de este hasta ahora transversal movimiento. También comentaros que muchos conocidos míos ya os están viendo como saboteadores internos y, lo que es peor, también como infiltrados externos.

    Decir qué es capitalista y qué es patriarcal es algo bastante complicado, y por vuestro escrito sospecho que no habéis leído suficiente sobre el tema. Cuanto más uno lee y sabe, con menos frivolidad escribe y, lo más importante, con menos frivolidad anima a los demás con sus escritos a tomar determinadas posiciones activas.

    Por favor, sed responsables y replanteaos vuestras posiciones.
    Saludos cordiales
    Ismahel

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